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El séptimo viaje del Papa Francisco a Latinoamérica

El séptimo viaje del Papa Francisco a Latinoamérica

Por: Anisley Torres

El primer papa latinoamericano vuelve a pisar el subcontinente que lo vio nacer —aunque no ha incluido a su Argentina natal en ninguno de sus periplos— y esta vez su gira comenzó por Chile, una nación que reabrió todos sus heridas con la Iglesia Católica y sacó a relucir viejos conflictos mucho más vivos de lo que sus políticos quieren presentar.

Pero este es un Papa singular, demasiado a la izquierda para unos, aunque la fe religiosa dice no conocer de ideologías. Por lo que, lejos de intimidarse, ha reconocido lo difícil de su viaje, ha cargado con los mea culpas y ha puesto en su agenda a un grupo marginado: los mapuches, a los que precisamente les ha hablado hoy.

Esta comunidad originaria de la Araucanía solo sube a titulares a ratos, cuando algún método de resistencia propio se hace eco de sus reclamos, tras siglos de sufrir todo tipo de discriminación cultural y social.

Tal es el estigma hacia los integrantes de este pueblo, que han sido catalogados hasta de terroristas porque también han devuelto algo de la cuota de violencia que las fuerzas representantes del status quo le han proferido para aplacar sus demandas.

De hecho, en alguna medida se les ha relacionado con los ataques incendiarios a varias iglesias chilenas como acto de sabotaje ante la llegada de Francisco.

Y como todo fenómeno, la historia condiciona el presente. Los indígenas y la iglesia se declararon enemigos desde el inicio de la colonización-evangelización. No fue el cacique Hatuey el único quemado vivo en la hoguera por españoles ni el único en negarse a convertirse en cristiano para ir al cielo, para no correr el mismo destino que sus inquisidores crueles.

Los conquistadores enviados por la metrópoli europea estuvieron entre los primeros en despojar a esas poblaciones de sus costumbres, riquezas, tierras y libertades.

La práctica de la expoliación de bienes y derechos se convirtió en herencia que hasta nuestros días se impone aún en medio de gobiernos presuntamente democráticos e inclusivos.

El mapuche ha sido considerado entonces como obstáculo para el progreso, la llamada civilización y el avance económico, para este último esa etnia se convierte en la espina en el zapato.

Baste decir que hasta la famosa marca italiana de ropa Benetton, devenida industria de la moda y grupo trasnacional en expansión, ha hecho presencia y gala de poder allí donde la «gente de la tierra» —etimología de mapuche— tiene su hogar y reivindica su territorio ancestral —Wallmapu— y autonomía.

El conflicto con la Iglesia llega hasta el presente, porque además del capital privado, la Iglesia también se ha apropiado de terrenos allí donde incluso ha logrado tener mapuches cristianos y hasta católicos.

Es precisamente a esa extranjerización de la tierra o su privatización a manos de nacionales con propósitos similares de saqueo a la que se oponen fervientemente los mapuches que no solo ocupan territorio chileno —aunque en Chile tienen mayor presencia con cerca de un millón de habitantes— sino también regiones de Argentina.

Que el Papa saludase en mapundungun, lengua mapuche, que les hablase de unidad, buen vivir y paz hoy no será suficiente hasta tanto las santas palabras se traduzcan en acciones por parte de autoridades católicas y mucho más importante, políticas.

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