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Venezuela no es un caso aislado

Venezuela no es un caso aislado

Pudiera parecer ocioso preguntárselo, pero no.  Cuestionarse por qué ciertos medios de prensa y ciertos esquemas de opinión en redes sociales insisten en poner en el centro las problemáticas de Venezuela y la supuesta necesidad de solucionarlas con intervencionismo, es parte de un análisis clave para entender lo que vemos.
No es sorpresa que los poderes económicos usen a los dispositivos de comunicación como caballos de Troya para intentar la conquista de conciencias que no comparten la lógica del dominado; pero sí es revelador comprender cómo y a quiénes beneficia el éxito en la articulación de esos recursos tecnológicos para tributar a la estrategia, con garrote y ahora pésima retórica, de Washington en América Latina.
Lo que no dicen los comentarios en Twitter del equipo de Donald Trump, es lo que desmonta a su discurso. Carecen de autoridad moral para determinar qué es conveniente o no para el futuro de Venezuela o de cualquier otro país; siendo Estados Unidos (como estado) un reflejo de la corrupción y la desatención de las minorías, con un sistema que refrenda el culto a lo peor de las personas.

Sí, son otros los tiempos y las formas, pero es preciso entender las señales de la actual contienda para acabar con las alternativas progresistas en América Latina, las que son, de facto, un desafío al Consenso de Washington. Lo que pone bajo la lupa, la lógica de dominación por áreas de influencia, trazada sin preguntar a quienes llaman “periferia”. En la batalla asimétrica pero fundamental por ganar el terreno de la comunicación, donde la conquista primera es por las mentes, Venezuela no es un caso aislado.
Por eso hoy, cuando el asesor John Bolton lanza sus tuits contra las fuerzas militares bolivarianas para que renieguen de sí mismas, o el presidente que nadie eligió, Guaidó, exige la entrada a Venezuela de “la ayuda” de Washington como preámbulo de una injerencia, hay que estar claros que la realidad también se construye para dividir y tergiversar, si los medios la manipulan con el fin de criminalizar y convencer de que sólo existe un tipo de “solución” al problema, afín de obtener “un consenso” basado en mentiras. ¿Recuerdan la historia de las armas de destrucción masiva en Iraq?
Memoria corta la de algunos, en momentos en que sobra la inocencia. Indefinirse o desviar la vista, es también tomar partido.  Hay cuestiones que simplemente llevan un Sí y un Ahora, para evitar (por los mismos medios y por aquellos nuevos que puedan crearse) que otros presenten el discurso que a esta generación de latinoamericanos le toca escribir, en primera persona.

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