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Venezuela: la historia se repite

Venezuela: la historia se repite

Qué ingenuos son quienes piensan que la historia no se repite, que hay etapas superadas con el tiempo y métodos que quedan obsoletos. Digo esto, porque cuando detallamos toda la campaña contra Venezuela desde Estados Unidos, desde la Unión Europea y sobre todo, desde nuestra América Latina, es como si estuviéramos releyendo la historia de la Revolución Cubana en sus primeras décadas: las presiones de Washington, las amenazas reales de una intervención militar, las sanciones de una Unión Europea en ocasiones inmoral e hipócrita, y quizás, lo que más doloroso, la actitud de determinados gobiernos latinoamericanos, que se harían un enorme favor, a ellos y a su pueblo, si primero se cuestionaran a ellos mismos y no a los demás. Y aquí hay un primer elemento, las personas, los gobiernos y los procesos políticos, pueden medirse por sus enemigos ¿Y quiénes son los enemigos de Venezuela, o de Cuba, o de Nicaragua? No mencionemos nombres, solo pensemos en los países que, por ejemplo, forman parte de ese tristemente célebre Grupo de Lima, quienes son sus presidentes, de dónde provienen, que intereses representan, y los sufrimientos que encaran sus pueblos.

Y ya que lo mencionamos, centrémonos en este Grupo de Lima, que recientemente se reunió para, en tono amenazante y chantajista, pedirle al presidente Nicolás Maduro que no asuma su nuevo mandato el próximo día diez de enero. Vamos por parte ¿Qué es este grupo? Sencillo, una patraña diplomática. Los enemigos de Venezuela no pudieron abrirse paso en la OEA gracias a la postura de algunos de sus miembros, entre ellos la mayoría de las naciones caribeñas, y entonces se han inventado este mitin de socios, de peones de un mismo patrón, en el cuál el plan contra Caracas no encontrará disenso. Se trata, no lo olvidemos, de una iniciativa excluyente, discriminatoria, ilegítima y que intenta tener una representatividad que no tiene. El Grupo de Lima, en todo caso, es vocero de la derecha regional, no de América Latina y sus pueblos. Pero ¿a quién se intenta condenar? A un gobierno electo, a un gobierno legítimo que cuenta con uno de los sistemas electorales más fiables del mundo, a un proyecto político que jamás ha cerrado las puertas a la derecha para que entre en las batallas electorales, a un gobierno que llama constantemente al diálogo con sus oponentes.
Uno no deja de cuestionarse, y esta es la pregunta que los descubre: Si a este grupo le interesa tanto la democracia y los derechos humanos ¿Por qué no se preocupa por la xenofobia de Trump contra los inmigrantes latinoamericanos, es decir, contra sus pueblos? ¿Por qué no se preocupan por aquellos que alaban dictaduras y torturadores? ¿Por qué no se preocupan por esos gobiernos que estrangulan los bolsillos y los derechos de los sectores sociales más pobres y mayoritarios? ¿Por qué no se preocupan por la persecución política contra líderes de izquierda? ¿Por qué no se preocupan por la violencia, los líderes sociales asesinados? En resumen ¿Por qué este Grupo de Lima no se mira al espejo?
Para terminar, solo mencionar dos elementos, primero, destacar la posición de Uruguay y México, y sobre todo, el sabio mensaje que recoge las palabras de López Obrador: Nosotros no nos inmiscuimos en asuntos internos de otros países, porque no queremos que otros gobiernos, otros países, se entrometan en los asuntos que sólo corresponden a los mexicanos, es decir, quien viola la autonomía de otra nación pone en venta la suya. Y segundo, volvemos al principio, como mismo se repite la historia, se pueden repetir los finales. Cuba resistió y esa resistencia obligó a sus adversarios a replantearse, ese puede ser también el futuro de Venezuela.

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