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Una obra de ingeniería hecha para unir

Una   obra   de   ingeniería   hecha    para unir

El puente marítimo más grande del mundo sobre mar abierto ya existe, y está en China. Así, la franja económica del área de la Gran Bahía se convierte en un círculo productivo que conecta a la China continental con los servicios financieros de Hong Kong y el sector del entretenimiento en Macao. ¿Qué vemos? A un país – potencia asegurando puntos fuertes que necesita más unidos (entre sí y en dirección hacia adentro) precisamente porque conoce la mella de las divisiones históricas promovidas por antiguas metrópolis, para intentar debilitar a una nación que subestimaron por demasiado tiempo.
Sólo en el caso de esta megaestructura, se impacta a 70 millones de personas de forma directa, con todas las boletas para hacer realidad el objetivo del Gobierno chino de tener no sólo una vía de 55 kilómetros sobre el agua, sinó un área de innovación industrial y tecnológica de alcance mundial que, un día (para los más optimistas) esté en condiciones de competir contra Silicon Valley. 

Y es que los símbolos son imprescindibles; los poderes recurren a ellos para sintetizar aspiraciones y valores que los identifican donde quiera que estén, y ante sus rivales.  La mega – construcción integra aún más al país, pero es su capacidad para servir de inicio, en esa zona, a la ruta marítima de la Seda, lo que le pone el adjetivo de grandioso. 
Mientras el vicepresidente estadounidense, Mike Pence, pide a Beijing un cambio de comportamiento como condición para que Trump acepte un diálogo bilateral durante la próxima cumbre del G20 a finales de este mes; China contesta que ya existen consensos por los cuales regirse, sólo que Estados Unidos no los respeta. El orden neoliberal terminó convirtiéndose en un arma de doble filo para Washington, y la fórmula económica china, demostró su eficacia cuando otras potencias se sumergían en la crisis de 2008.
Ahora, Beijing se fortalece en su área natural (sólo con la ASEAN prevé alcanzar para 2020 un volumen de comercio de un billón de dólares) o trabaja con países y entidades vinculadas a la Franja y la Ruta. Hasta el presente, las inversiones directas rondaron los 70 mil millones de dólares.
Con la apertura del puente más grande del mundo en el área de la Gran Bahía, China pesa un poco más en la geopolítica, y da una muestra elocuente sobre cómo pudiera cambiar la realidad económica de los países que se integren a la Franja y la Ruta del siglo 21. Mientras Trump ordena al Pentágono gastar miles de dólares para desplegar alambradas y efectivos en la frontera sur con México, China le regala al mundo una obra de ingeniería hecha para unir.

  1. COMENTARIO INTERNACIONAL

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