Trump y su estrategia de seguridad nacional

Desviar la atención mientras se obra a cierta distancia de los reflectores, es un recurso recurrente en la política estadounidense. Se diría que manipular hacia dónde y cómo se mira, resulta inherente a la reproducción de ese sentido común del liberalismo burgués.
Pero, cuando la distracción se emplea para disimular la herida interna (tal y como está haciendo, ahora mismo, el presidente Donald Trump) No hay que ser Nostradamus para entender que es tan grave lo que se hilvana en la escena doméstica estadounidense, como sus repercusiones, fronteras afuera, en espacios donde se dirimen disputas geoestratégicas.
Para entenderlo mejor, a lo interno de Estados Unidos y como resultado de la crisis del modelo imperante, se ha destapado la confrontación justo en su eje.  Y esto se da entre la facción financiera global del poder estadounidense (aferrada al control de mercados y organismos en base a la supremacía del dólar) y aquellos que, como Trump, piensan que (para sostener la hegemonía de Washington ante un rival económico como China) hay que estar dispuesto a hacer cambios de táctica, con un garrote etiquetado: “Estrategia de seguridad nacional”, y una zanahoria cada vez más falsa.
Y lo dejan claro, las frecuentes alusiones a una lucha interna del llamado “estado profundo” con el sector que llevó a Trump al poder, principalmente en época electoral, cuando una re- distribución de escaños en el Congreso puede facilitar los planes de unos, y alejar las ilusiones de otros.
Sobre cacería de brujas, manejos de la posibilidad de un impeachment, declaraciones anónimas de una supuesta resistencia en la Casa Blanca, de todo se ha hablado en las últimas semanas. Entreteniendo mucho, pero sin convencer a esa base electoral que opina que Trump ha devuelto la credibilidad al partido republicano, y si los medios lo atacan es porque él está asumiendo el trabajo que otros no se atrevieron a hacer.
Y hablando del uso de herramientas hegemónicas para fines internos, Trump parece, cada vez, más convencido de apostar sus fichas a una guerra de distracción en Siria. Intenta ponerse a resguardo en casa, aunque para eso le vaya de frente a Rusia, que dejó en claro que (en una batalla decisiva como la prevista en Idlib) no dudará en responder a Washington.

La decisión es difícil, pero parece que Trump la sopesa, porque de la intención de retirar las tropas estadounidenses de Siria, pasó a reforzarlas, y (todo indica) busca montar un ataque de falsa bandera que justifique una intervención mayor. La vieja fórmula de hacer fracasar la victoria ajena. Después de todo, Trump (o sus asesores) revisan la historia. El proceso de impeachment contra Bill Clinton inició el 19 de diciembre de 1998. Tres días antes, estalla la campaña de bombardeos de Estados Unidos contra Irak (la operación “Zorro del Desierto”)
¿Será que Trump busca referencias peligrosas?. Seguramente, la almohada lo asesora. Y Siria le queda lejos. La oficina Oval, a unos pasos.

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