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Trámites: una carrera de largo aliento

Trámites: una carrera de largo aliento

Hablaré de un tema recurrente:  la protección al cliente, consumidor, a usted como ciudadano cuando de hacer un trámite se trata.

Tema que he abordado en otros de mis comentarios pero del que los televidentes siguen escribiendo por sus tantas aristas.

Por estos tiempos la credibilidad de una institución, una tienda, una oficina de trámites, un Ministerio, se ve cada día en tela de juicio cuando de exigir una respuesta y no tenerla se trata.
Cuántas veces usted no ha escuchado decir.

¿Para qué voy a quejarme si no se va a resolver nada?

Y esa actitud la da precisamente la inoperancia de muchos sectores que no contribuyen, no ayudan al nivel que les toca a dar una respuesta al ciudadano que tiene un problema o una queja.

De nada valen leyes de Protección al Cliente si no se hacen valer con respeto al pueblo.

Si algo nos distingue de los animales es el poder comunicarnos, intercambiar, de ahí el por qué siempre abogo por la comunicación, nada mejor cuando usted escucha y responde de manera amable aunque no tenga la solución en sus manos, cuando se trabaja de cara a las personas una de las principales premisas es atender bien al cliente, al usuario, al paciente, llámele como quiera llamarle.

Cuando se trabaja para atender al pueblo existen reglas para mantener esa credibilidad institucional, hacerlo de la mejor manera constituye el éxito.

Si vamos a lo legal por ejemplo en la propia Constitución de la República de Cuba se recogen una serie de disposiciones esgrimidas con la intención de proteger a la población, así mismo, el código penal vigente sanciona y reprime a aquellas personas que practiquen el engaño al consumidor, como vender artículos incompletos en su composición o peso, o deteriorados; cobrar mercancías y servicios por encima de las tarifas aprobadas; ocultar productos al público, negar injustificadamente los servicios que se prestan en la entidad; entre otros
Lo cierto es que aun estipulando estas y otras medidas resultan insuficientes en materia de protección y defensa de los consumidores.

Unas veces por desconocimiento de nuestros propios derechos, otras porque estas leyes o medidas no bastan si quienes tienen que ver con que se cumplan violan lo establecido.

Por supuesto a estos males se les unen otros que afectan, en el caso del comercio la irregularidad en los abastecimientos;  la balanza precio-calidad; la insuficiente información que se le brinda a los compradores sobre los términos en garantías de un producto; los síntomas de apatía y maltrato que en ocasiones muestra el personal que labora en tiendas y otros establecimientos.
Una cosa sí queda clara: dejar a la buena fe la solución de este problema sería pecar de ingenuos.

La dirección del país está consciente de que, más que una mirada, lo más importante es la acción precisa, sin retrasos, que elimine la cultura del maltrato.

No es un favor atender al pueblo y prestarle el servicio que solicita sino un deber, una obligación.

El servidor público está en ese puesto porque el pueblo lo necesita, son los clientes, los pacientes los que le dan razón de ser y existir a su trabajo.

Recuerde que siempre le esperamos en Comentar Cuba

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