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Theresa May se hunde como el Titanic por iceberg del Brexit

Theresa May se hunde como el Titanic por iceberg del Brexit

En la Cámara de los Comunes del parlamento británico se realizará la votación del acuerdo sobre el Brexit. En anteriores análisis se ha explicado que se trata de un documento jurídicamente vinculante de unas 600 páginas, consensuado, no sin muchísimos tropiezos, entre la primera ministra de Reino Unido, Theresa May, y la cúpula directiva de la Unión Europea, como bloque político y económico que aglutina a los países de ese continente, en un esfuerzo de décadas por imponer la unidad por encima de las individualidades, teniendo en cuenta que los estados europeos son pequeños, y buscan hacerle frente así a naciones más grandes que por sí solas pueden y son de hecho imperios.

En esta última faceta de aglutinación, Londres jamás se sumó del todo. Se rehusó a formar parte de la comunidad euro, es decir, asumir la moneda única, pero sí era integrante activo en lo político y formaba parte de las reglas comerciales regionales.

Fue la economía precisamente lo que avivó la llama separatista en los británicos, alimentada por campañas de formaciones políticas euroescépticas que se han multiplicado en el área, tras la crisis de 2008 y que más que todo, buscan aprovechar debilidades para hacerse con el poder en sus respectivos predios.

Volviendo a la votación, decisiva para ese reino, la May se juega todas sus cartas, ya de por sí, carentes de valor, en una carrera en la que luce extenuada y totalmente debilitada. Si aún se mantiene como líder de gobierno, es porque nadie, ninguno de sus detractores ni opositores políticos quiere asumir la tamaña tarea que significa este tránsito de salida de la Unión.

Hay una imagen que recorre las redes, la de la premier en la proa del Titanic con los brazos estirados a lo Kate Winslet, como símbolo del momento: se augura un hundimiento, porque los pronósticos es que el pacto en cuestión sea rechazado por los legisladores.

Es fácil criticar pero difícil pactar en medio de tanta polarización y sobre todo, incertidumbre. Porque después de la decisión de salirse del bloque, los señores del té de las 5 de la tarde y la puntualidad exquisita no tienen idea de cómo asumir un futuro solvente partiendo de cero y en las mismas condiciones que un país ajeno geográficamente, como sería el caso, advertido ya por Bruselas, si la concreción del Brexit se produce, porque ya tiene fecha: la del cercano 29 de marzo, sin acuerdo, o sea, sin hoja de ruta.

Claro, que ante la inminencia de un No de los Comunes, la UE ya estudia mover este plazo. Ni siquiera a la parte ofendida con el abandono, le conviene un divorcio en malos términos, o como sería el caso, sin término alguno. Un resultado negativo hoy para un acuerdo que tampoco es la panacea, pues está lleno de concesiones hacia la comunidad y no complace demasiado a los británicos, representaría un caos porque puede desencadenar en muchas opciones: dimisión de la actual primera ministra, moción de censura presentada por el parlamento que de proceder es igual a expulsión de la premier, nuevas elecciones, nuevo referendo sobre la permanencia o no, o nada de Brexit y todo como antes.

Puede incluso haber nuevas votaciones que implican nuevos escenarios de presiones y chantajes políticos, todo ello un desgaste para un país que ya lleva demasiado tiempo en esta agonía y que puede traer consigo una crisis de gobernabilidad de larga data, perjudicial en todos los sentidos para todos, desde el hombre de negocios hasta la ama de casa.

 

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