Tener el control de PDVSA

Petróleos de Venezuela, o sencillamente PDVSA que son siglas internacionalmente conocidas, vuelven a estar en el foco de atención. Y es que el petróleo es el cetro dorado, la fuente del eterno ingreso que se disputan sus otrora dueños oligarcas de dentro y fuera y el gobierno venezolano que ha reivindicado la soberanía sobre sus recursos desde la llegada del chavismo al poder.

Atacar a PDVSA estuvo entre los primeros planes de la oposición venezolana y foránea, porque en materia de revertir el proyecto bolivariano existe toda una alianza regional tutorada por los más dependientes del hidrocarburo proveniente de la Faja del Orinoco, los estadounidenses.

Primero fue el paro petrolero, un golpe disfrazado de una de las huelgas más grandes de la historia, aproximadamente unos tres meses; después los sabotajes al sector electroenergético; le siguió un cerco diplomático a lo interno de la organización de países exportadores de petróleo; los continuos chantajes de Washington para afectar los contratos de compraventa de combustible a Caracas. Y más recientemente, una componenda global para que los precios del crudo se despeñen, cual caída libre, sí, porque este factor es también monitorizado en sintonía con la lógica de la hegemonía y el autoritarismo económico, no es obra y gracia de una coyuntura mundial per se como a veces se quiere vender a la opinión pública.

Como más reciente plan, dinamitar el grupo con el lastre más difícil de erradicar en este continente: la corrupción. Untar a personajes influyentes, involucrarlos en una trama dinero a cambio de favores, en este caso políticos, que es el fin último, y corroer los cimientos de la superestructura económica que sostiene el andamiaje ideológico. Para nada casual que el explote mayor recayera en la filial CITGO, con sede en suelo estadounidense.

Nicolás Maduro ha obrado de inmediato y lazó su contramedida de «limpieza». Cárcel para los vendidos o bandidos, aquí sirven ambos, y mano dura para la institución, y es esto último lo único que resuena en titulares, a conveniencia de la manipulación: «un militar administra PDVSA». Con semejante ruido omiten intencionalmente o dejan para oraciones sintéticas y marginadas en los textos las cifras millonarias de defalco y lo más importante, el gran objetivo que perseguía este golpe.

Venezuela ha vivido su peor momento de Revolución precisamente por la baja de los precios del petróleo y verse obligada a reducir su producción diaria. Es un país que, a pesar de los descomunales esfuerzos por diversificar la economía, sigue en su versión monoproductora que se traduce el 90 por ciento de los ingresos dependientes de la renta petrolera. Revertir esta situación y reestructurar la gran empresa estatal es ahora prioridad del ejecutivo, porque tener el control de PDVSA es la garantía de continuar el proyecto social.

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