El sabroso tamal cubano

Es tan sabroso al paladar, que el origen del tamal, un plato reverenciado por los cubanos, es disputado por varios países de América, aunque se carecen de pruebas reveladora para ser atribuido a alguna cultura o región.

Pero lo que si queda claro, es que el demandado envoltorio realizado a base de maíz, fue consumido por las distintas culturas de Mesoamérica, antes de la llegada de los conquistadores europeos.

El tamal (del náhuatl tamalli, que significa envuelto) es un nombre genérico dado a varios platos americanos de origen indígena, preparado generalmente con masa de maíz cocida cuyo contenido era acomodado en hojas de la mazorca, aunque también se utilizaban las de plátano, aguacate e incluso papel de aluminio.

Páginas digitales aseguran que México posee la mayor variedad de tamales del orbe, y sus variedades se calculan entre 500 y cinco mil platillos, no obstante ello no representa un indicio de antigüedad.
En la nación azteca nacieron hasta proverbios a partir del alimento como aquel que reza “el que nace para tamal, del cielo le caen las hojas”, en alusión al destino de cada persona.

También fue fuente de supersticiones, pues al cocer el envuelto en la olla, algunos quedan pegados a sus paredes y se creía que quien ingiriera uno de esos, si era hombre nunca tiraría bien las flechas en la guerra y su mujer jamás tendría un buen parto, según las propias fuentes.

Pero en otras culturas, la creación culinaria fue acogida como una bendición de los dioses y su rico sabor, favorecido por variedad de recetas e ingredientes, ha superado cualquier creencia.

En Cuba nadie es capaz de renunciar a una buena “tamalada”, y desde el inicio del trabajoso proceso de elaboración, comienza el jolgorio.

Cada cual aporta su granito de arena y algunos hasta intentan practicar innovaciones, seguramente con la imaginación puesta en los tamalitos “que vende Olga”, no importa que piquen o no piquen.
Y es que esa forma de consumir el maíz, hasta ha inspirado canciones, como esa pieza inmortalizada por la cubanísima orquesta Aragón, de la autoría de José Antonio Fajardo, un guanero nacido en 1919.

Y en una zona de Pinar del Río, conocida por Montezuelo, en Mantua, hasta un festival ya tradicional, se le ha dedicado, a donde acuden los lugareños y personas de otras municipalidades, quienes se dan cita en la capital del tamal, al menos por un día.

Toda una suerte de emulación es establecida por decenas de elaboradores, que exhiben su arte desde los portales de las casas, en una esquina, en el parque, en mesas, improvisadas tarimas y constituye una gran fiesta, con otras ofertas recreativas para niños y guateques, que hacen de la jornada todo un acontecimiento cultural.

Pero como quiera que por estos días, en Pinar del Río pueden encontrarse las mazorcas bien tiernas, ideal para el tayuyo, como también le llaman por estas tierras, los dejo seguramente con la boca hecha agua, mientras me dispongo a saborear mi propia creación, hecha con todas las de la ley, o lo que es igual, a la altura de Olga la tamalera.

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