¿Cómo están las relaciones entre Venezuela y Colombia?

Por Anisley Torres

A inicios de esta semana le hablaba de procesos electorales cruciales para este 2018. Dos de ellos, dos de los más trascendentales, y no por restar importancia al resto sino por el efecto que estos en particular tienen más allá, a nivel regional, ocurrirán en dos países que viven una complejísima relación de vecindad.
Me refiero a Colombia y Venezuela, cuyos problemas fronterizos vuelven a titulares en este enero, y en concordancia con ello, la guerra discursiva entre sus más altas figuras de Estado arrecia.

Vuelven los improperios de parte y parte: Santos tacha a la bolivariana de «revolución fracasada», Maduro le devuelve el golpe calificando de Estado «forajido y fallido» a Colombia.
Para venir a echar más leña al fuego se dan otros sucesos, como la muerte en un operativo de búsqueda y captura de un exmilitar venezolano convertido en férreo opositor al ejecutivo chavista y responsable de acciones terroristas durante la pasada ola de violencia en las principales ciudades venezolanas, Oscar Pérez.

Y no cualquier ataque, hablamos del secuestro de un helicóptero y el lanzamiento de granadas contra el Tribunal Supremo de Justicia.

Se dice del auspicio a esta banda por parte de políticos colombianos y la sentencia tiene antecedentes comprobados, pues muchas figuras de la derecha venezolana han hecho lobby público en Bogotá, buscando el apoyo político y logístico de confesos antichavistas como Álvaro Uribe.

El expresidente colombiano Álvaro Uribe realiza declaraciones injerencistas contra Venezuela

Como ataque más reciente, este miércoles, Uribe, quien ya comienza a hacer campaña a favor de su títere presidenciable dijo de la manera más clara y directa posible a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana que ponga fin al gobierno de Maduro, ¿incitación al magnicidio acaso?

De hecho, con mucho más oportunismo aún, el expresidente sigue jugando al discurso efectista de buscar adeptos bajo el slogan de «no queremos en Colombia una segunda Venezuela», con el mismo pretexto que se abrió camino en el plebiscito de los acuerdos de paz.

Ahora lo que se aprovecha es el cruce de miles de venezolanos, se maneja una cifra de 100 mil solo entre diciembre y enero, hacia territorio colombiano, y por supuesto que el apellido para esta fuga es la vendida como crítica situación humanitaria que se vive en la tierra de Bolívar.
Y olvidan intencionalmente decir en este minuto, que el cruce de personas por la frontera binacional ha sido un problema histórico y nunca privativo de estas dos naciones. Y que, en la mayoría de las veces, el flujo ha sido a la inversa que hoy: desde la Colombia en guerra hacia la Venezuela en paz.
Desde la Colombia rural emprobrecida hacia la Venezuela donde se consigue fácil y barato combustible, divisas, alimentos y otros enseres.

El contrabando ha sido punto de discusión permanente entre las partes y ahora vuelve a ser manipulado por una causa política.
La situación económica en Venezuela es difícil.
Sería de ingenuos negarlo. Pero tiene mucho de sabotaje a las acciones gubernamentales.
Además, Colombia tiene una deuda social prácticamente impagable para sus poblaciones fronterizas, por lo que habría que ser un poco consecuente con el viejo refrán del tejado de vidrio.

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