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Reforma nunca ha sido sinónimo de cambio

Reforma nunca ha sido sinónimo de cambio

Bolsonaro es el caso reciente, desde América Latina. Lo preceden otros exponentes y movimientos que permitieron el resurgir de esta tendencia en Europa y Estados Unidos.

Posiblemente, usted piense igual. El extremismo conduce al oportunismo.  Y la ultra – derecha (la que vemos ahora y la que existió en otros tiempos) es un ejemplo de hasta donde se puede torcer el rumbo, cuando se buscan salidas emergentes sin medir los pasos. Lo hemos dicho: Trump, el fenómeno Bolsonaro o Víctor Orban en Hungría, son expresiones particulares de la crisis estructural del capitalismo. No nacieron de un momento a otro, pero la crisis los precipitó. Y el impulso (que tuvo su clímax con la llegada de Trump al poder) ha sido aprovechado por movimientos de extrema derecha que se distancian del discurso “políticamente correcto” para disfrazarse de “alternativa” en sociedades donde la política tradicional está desacreditada.
Y claro, les beneficia el hecho de presentar una imagen de “outsiders”, aún en los casos en que la élite local les da palmadas en el hombro. Como en Brasil, donde la burguesía prefiere pactar con el fascismo que respetar los marcos rotos de la democracia liberal. En Italia y Hungría, no sólo prendió, fructifica la idea de la solución drástica y el nacionalismo a ultranza, en la medida que la coyuntura global ha abierto un campo discursivo para responder con lenguaje neo – fascista, a las preguntas fuertes que los sectores populares se hacen (trabajo, economía, migración).
Aunque haya mucho de demagogia, esa ultra – derecha convence a sus votantes, que puede satisfacer las necesidades que otros no atendieron o no colmaron. Así sea con manipulaciones, conecta con la sensación de desamparo y abuso que experimentan bases electorales en relación con el sistema; las mismas que se dicen incluidas en los discursos de estos políticos. E incluso, más seguras ante la supuesta amenaza de un Otro (que puede ser un migrante, un islamista o un progresista tachado de corrupto). Con esto, juega la ultraderecha, que tiene a su favor, las deficiencias de una izquierda domesticada por el capital. Y en la crítica al oponente, la extrema derecha sabe encontrar excusas para barrer con la diversidad, pisotear derechos, demonizar iniciativas anti – capitalistas y ver saciados sus deseos de poder.
No basta con tener un proyecto político creíble, las fuerzas progresistas necesitan una revisión de fondo… Los puntos intermedios hacen a estas fuerzas, cómplice y víctima de las reglas del capital. Y hay momentos en que las dudas, sobran. En lenguaje político, “reforma” nunca ha sido sinónimo de cambio.

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