Reelecciones que ratifican un camino y una estrategia

Miren que ironía, Ángela Merkel, logró este fin de semana un cuarto mandato al frente del gobierno alemán, y podríamos decir también que al frente de Europa ¿Qué dice la prensa? Alabanzas, muestran la noticia como el resultado de su fuerte liderazgo y su habilidad para manejar los hilos de la diplomacia y la política, nada de reproches ni cuestionamientos a la democracia regional, sin embargo, un enfoque totalmente diferente se le da a la reforma constitucional que el parlamento chino debe aprobar en unos días que permitirá un tercer periodo de Xi Jinping al frente de la nación asiática, en este caso, si leemos la misma prensa que alaba a Merkel, veremos un crítica abierta a un político que, según ellos, logró imponerse gracias al autoritarismo vigente en ese país.

Son, evidentemente, tratamientos diferentes a fenómenos que tienen puntos de contactos, en ambos casos, se trata de la consolidación de un proyecto en medio de retos también compartidos, Alemania, como timón de Europa, necesita una líder fuerte y probada para lidiar con la crisis y con la contraparte estadounidense, y si la élite alemana no lo hubiera considerado así, Merkel estuviera en un proceso de declive hasta convertirse en historia pasada, y lo mismo sucede en el llamado gigante asiático.

La posible reelección de Xi Jinping como presidente del país es una cuestión estratégica para el gobierno chino en una coyuntura de transformaciones y desafíos; una decisión derivada del consenso que caracteriza las decisiones al más alto nivel en Beijing, y difícilmente se debe a las causas que esgrime la gran prensa occidental.

Ahora bien, por qué China ha dado este paso, bueno, en parte por la impronta que ha deja Xi Jinping en estos años y el liderazgo que ha logrado construir, un elemento clave para impulsar el camino elegido. En estos cinco años, el peso internacional de China se ha incrementado considerablemente, el mandatario se erige como paladín de la globalización comercial y de la lucha contra el cambio climático.

A lo interno timonea proyectos importantísimos, como la lucha contra la corrupción, un cambio de modelo económico basado ahora en el consumo interno, la modernización del ejército, la implementación de medidas medioambientales que significan un enorme desafío para la base industrial de la nación. Ha dado continuidad, de forma efectiva, a la estrategia económica que convirtió a China en la segunda potencia mundial, a alianzas vitales, ejemplo, con Rusia, y megaproyectos como la ruta de la seda. Todo eso, repito, con el desafío de un Donald Trump en la Casa Blanca.

China, más que un líder, ratifica un camino y una estrategia. Su tan cuestionado modelo por occidente ha logrado algo vital para una nación que se ratifica como potencia: estabilidad; ¿cuán importante es esto? Solo mirar el panorama internacional, las fracturas en tantos países europeos que han estado meses sin gobierno electo y rivalidades entre partidos que dificultan la búsqueda de soluciones económicas, o las brechas que permitieron a alguien como Trump llegar a la Casa Blanca. El gigante asiático ofrece un mensaje claro al mundo, y es que sus cuentas están saliendo bien y quiere mantener el paso.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *