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Rafael Correa otra víctima de la oposición

Rafael Correa otra víctima de la oposición

Hasta hace unos días, este hombre era conocido en su casa. Ahora Fernando Balda afirma tener pruebas que incriminan al ex presidente ecuatoriano Rafael Correa en un secuestro que sufrió hace varios años en Colombia.

Vive su momento de gloria. Por esta causa procesan al ex presidente al punto de que esta semana han dictado prisión preventiva contra él. Les cuento que es lo que está sucediendo, de acuerdo a lo que se sabe. Balda, militante del movimiento político de Correa primero, y luego opositor estuvo procesado por varios delitos en Ecuador, huyó a Colombia y siendo prófugo de la justicia fue secuestrado por poco menos de una hora por la policía.

Entonces ese caso fue procesado en Colombia, y la cosa quedó ahí. Pero ha resucitado como el ave fénix, y un fiscal pidió al ex presidente comparecer cada 15 días ante las autoridades ecuatorianas, permitiendo que fuese desde su país de residencia, en Bélgica. El lunes el ex mandatario acudió al consulado en lo que podía ser suficiente.

Pero la jueza de garantías penales, cuya supuesta función es proteger al acusado de que se cumpla el debido proceso, exigió que tenía que ser en Quito, y no desde el exterior, a sabiendas de que reside en otro país. Correa lo dijo claro, la ley no exige que esté allí, y no viajaré medio mundo, por un caso claro de abuso policial con el que yo no estuve involucrado. Y al día siguiente, como quien sabe lo que va a pasar y tiene escrito los pasos a seguir en un manual, la jueza dictó prisión preventiva y circuló al mandatario por la Interpol.

Esos son los hechos, ahora vamos a lo que hay detrás. El secuestro de Balda ya fue procesado, ahora lo vuelven a traer a colación, fueron policías de la dirección de inteligencia de la policía, no el presidente, sería como culpar al presidente de todo, si hubo una injusticia cometida por un policía, un médico, o un funcionario público, ¿sería culpa del presidente?

A Correa quieren cerrarle las puertas de su país, y hacerlo ver como un criminal, es más, el delito en sí mismo prescribió, exageran lo sucedido, le dan un matiz político, lo vinculan con el presidente del momento para que parezca un crimen de estado que no prescribe. Por tanto, en este caso las autoridades judiciales suponen la culpabilidad, como si el trabajo estuviese terminado, y le dejan al acusado demostrar su inocencia.

Balda, quien estuvo secuestrado dice que tiene pruebas no mostradas ni por él ni por la justicia, pero que ahora hará una gira por varios países, irá a Europa, y en esta especie de turismo político, irá contando que Correa es un delincuente, un modus operandi que vemos en muchos opositores a la izquierda. No es de lo primero que acusan a Correa, un hombre que sufrió como presidente un intento de golpe de estado, lo han acusado de lo que es responsable y de lo que no. Incluso le suspendieron la seguridad presidencial.

Ha publicado un mensaje en Facebook diciendo a sus amigos y militantes de su causa: estoy bien, no se preocupen por mí, preocúpense por la patria. Correa no es el primero de sufrir de lo que se ha dado en llamar lawfare, o la guerra con las leyes, la judicialización de la política en la que se interpreta al extremo la ley para encausar a personas que han intentado hacer una oposición real al orden de cosas que empodera a los ricos de siempre.

Cristina Fernández ha sido acusada de todo, hoy se salva por la inmunidad que le ofrece ser senadora. A Dilma Roussef la sacaron de la presidencia por un tecnicismo, Lula duerme cada noche en una celda, y ahora prisión preventiva para Correa. Incluso si creemos la versión de Balda, sin asumir la inocencia de Correa, tendrá que coincidir conmigo en que es demasiada casualidad de que a todos les pase lo mismo. Con Correa hay un especial ensañamiento.

Respetó las leyes del país, no se ha podido demostrar enriquecimiento ilícito, y mientras tanto sigue defendiendo sus ideas políticas, y hasta viaja al mundo para entrevistar a grandes personalidades para la pantalla de Russia Today en español.

Sigue haciendo demasiado ruido, y los líderes con criterio propio y currículum limpio no gustan al poder real. ¿Quién será el siguiente en la lista? Hay quien vaticina que a López Obrador ya le van haciendo la cama. A la izquierda se le exige que respete, proteja, y coexista con la derecha, pero cuando es la derecha la que está decidiendo destinos no es igual, y no pasa nada. Podría decirse que la transparencia es la mejor defensa, pero casos como estos demuestran, que no es suficiente.

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