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¿Qué significan doce años de Gobierno del Movimiento Al Socialismo en Bolivia?

¿Qué significan doce años de Gobierno del Movimiento Al Socialismo en Bolivia?

Este 2018 avanza a toda máquina para ese estado mediterráneo y plurinacional que es Bolivia pues, no solo se trata del preámbulo a un año electoral, allí enero inició con un informe de gestión presidencial, donde Evo Morales explicó personalmente por qué hoy se puede hablar del éxito de un modelo de desarrollo boliviano, y cómo fue posible pensarlo y construirlo, sin dejar de lado la inversión pública.

Los partidarios de la escuela de Chicago (que se pusieron las manos en la cabeza, doce años atrás, cuando escucharon la palabra “nacionalización”) ahora imitan al avestruz cuando se enfrentan al hecho de que Bolivia recibió (por quinto año consecutivo) el título de la economía con mayor crecimiento de Suramérica, gracias a la fortaleza de su demanda interna y a una serie de cambios estructurales que llegaron, precisamente, con la gestión pública de recursos y empresas estratégicas, la industrialización y la apuesta por la producción nacional.

Con todo lo hecho y la proyección de un esquema de trabajo para seguir haciendo (no sólo son palabras, ahí está la Agenda Patriótica 2025 para demostrarlo), llegan Evo Morales y el Movimiento al Socialismo a un año decisivo en la construcción de relaciones de fuerza en Bolivia, donde se marcan, desde ya, las tendencias políticas y electorales que disputarán la conducción del país en 2019.

¿Qué le queda a la oposición? A falta de proyectos y candidatos con opciones reales, emplea (una y otra vez) el recurso de zapa, buscando la paja en el ojo ajeno; o inventándola si no existe. Esto lo dice el propio Gobierno, que ha denunciado que la oposición se ubica constantemente, detrás de la generación de conflictos por demandas específicas de una región, sector o gremio, para intentar capitalizar exigencias distintas, pero que, si se reflejan y se articulan en los grandes medios y en las redes sociales (aunque sea a base de mentiras, rumores y medias verdades) pueden llegar a construir un ambiente de enfrentamiento y polarización.

Y esto, pese a ser un montaje, impacta en la visión que tienen los sectores sociales de su país y su Gobierno, particularmente los jóvenes (los más vinculados al consumo de contenidos por estos canales) y, claro, la clase media, que ve como garantías establecidas una serie de oportunidades, y exige más.

Y se trata efectivamente de mirar al futuro… Por el progreso, con más inclusión y soberanía, apuesta el Movimiento al Socialismo, pero se precisa claridad para entender que los actores (externos e internos) detrás de ese combate en las subjetividades llamado “Guerra de Cuarta Generación”, NO acaban de digerir la realidad de un presidente indígena que revalorizó el rostro del país y representa como nadie en Bolivia, la unificación de lo popular.

Y esa certeza (por los tiempos y por las experiencias de la historia latinoamericana) debe levantarse sobre una estructura más sólida de trabajo político en la sociedad. Desde allí, se construye hegemonía y, desde allí, surge la renovación generacional de esos grandes liderazgos.

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