¿Qué le hizo Mauricio Macri a los argentinos?

¿Qué pasa en Argentina? O mejor, ¿qué le hizo Mauricio Macri a los argentinos?

Si en algo se mostró sincero fue en cumplir a cabalidad con su palabra mágica de campaña «el cambio». Con un coalición de partidos que llamaba Cambiemos y con la promesa de cambiar el país, hoy día podemos decir que ciertamente lo cambió, pero en el sentido contrario al de sus aspiraciones.

Repasemos —y contrastemos con la realidad— sus principales enunciados mientras era candidato presidencial. Dijo frases como: «voy a bajar la inflación a un dígito» y hoy supera el 40%, siendo la segunda mayor de América Latina y la cuarta peor del mundo. Se le escuchó repetir «vamos a crear trabajo» y no sabemos si ha sufrido una amnesia temprana porque lejos de la prosperidad laboral, se ha producido una oleada de despidos en todas las esferas, la pública y la privada, al punto de reducir en más de la mitad el número de ministerios, como reciente medida desesperada. «No vamos a devaluar», así pretendía acabar con el «cepo cambiario» y resulta que la moneda argentina se precipitó barranco abajo y si enero de este año un dólar eran 18 pesos —ya de por sí alto— para agosto rozaba los 50. Sin lugar a dudas, una de sus invitaciones más populistas y verdaderamente demagoga fue: «les propongo una Argentina con pobreza cero» y hace menos de una semana se le vio teatralizar compungido un mensaje a la nación en el que admitía que la pobreza crecería, pero que su gobierno iba a estar allí para los más necesitados. Lo que jamás explicó fue de qué manera los asistiría, pues si las tarifas a los servicios básicos siguen siendo impagables, si el mandato ejecutivo es ajustarse el cinturón, si hay que recortar para poder recibir la ayuda de los organismos financieros internacionales, si la prioridad es reducir el gasto público y entretener a los inversores para que no abandonen el país, no hay una salida visible que prevea suavizar la crisis para las capas más bajas de la sociedad, esas de las ollas vacías y la emergencia alimentaria que se vuelve crítica en los inviernos australes.

¿Cómo llegó a esto?

Si se le pregunta a él, la primerísima culpable es su antecesora Cristina Fernández y las consecutivas gestiones kirchneristas. Más recientemente ha diversificado sus excusas y culpado hasta la mismísima Turquía, es decir, al contexto internacional de volatilidades en los mercados, de recesión a gran escala entre las economías emergentes y un largo etcétera. Le asiste la verdad cuando habla de una coyuntura adversa, no es Argentina la única víctima, son varias las naciones de la región y más allá de fronteras que sufren caídas en sus exportaciones, altos déficits y poco o nulo crecimiento. Particularmente en América Latina, la situación comenzó con el desplome de los precios del petróleo y de las materias primas, como se sabe es una zona dependiente de estos recursos para su subsistencia por la falta de industrialización. Podría decirse que Macri —como Lenín Moreno en Ecuador, otro acusador de la gestión predecesora— al asumir sus mandatos recibieron países con cierto grado de inestabilidad económica derivada de la crisis regional, pero en el caso del mandatario argentino, ya está cerca de cumplirse el primer trienio de su administración y los números se han vuelto rojos por un manejo erróneo de la actividad económica y la falta de iniciativas propias que reviertan las condiciones de deterioro social.
Su receta ha sido pedir auxilio a los grandes financistas, que a la postre se convierten en grandes extorsionistas. A los argentinos, mientras, los paraliza el miedo a revivir la crisis del 2001, cuando el país cayó en default, o sea, en la cesación de pagos de sus deudas y la congelación de todos los fondos personales, en lo que pasó a la historia como el corralito.

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