Protección al Consumidor: asignatura pendiente del comercio cubano

Necesitamos una palabra amable, un saludo mañanero. Un respeto como ser humano; Sí, vuelvo sobre el tema del maltrato al usuario porque es de todos los días llegar a un lugar y vivir una vez más la desprotección que tienen las personas en Cuba cuando se convierten en clientes de algunos lugares. Es algo cotidiano, puede ser una oficina comercial, una bodega, una tienda recaudadora de divisas, y aquí me quiero detener.

Transcurrido casi tres meses del paso del huracán Irma por nuestra isla, evento que movilizó a todo un pueblo para recuperarnos cada secuela dejada a su paso. Funcionarios del partido y el gobierno, dirigentes políticos organizaciones de masas. Aún se encuentran allí en las zonas más afectadas chequeando la recuperación, tocando con la mano cada problema. Por un lado unos trabajan por revertir los daños. Por otros están los que no dejan de tener malas aptitudes en la parte que les toca, con el único objetivo de disgustar al pueblo.
Y es que hoy todo cuenta, porque tras un huracán de esta intensidad, muchos perdieron bienes personales, sufrieron afectaciones en sus viviendas o trabajaron sin descansar para que usted recuperará lo más pronto, los servicios de electricidad, agua, gas, telefonía. Entonces qué es lo mínimo que se puede pedir cuando de llegar a un lugar y recibir un buen servicio se hable?  Porque es aquí donde me quiero detener hoy: en la desprotección al cliente. Son días en los que todos necesitamos de todos y no sólo cosas materiales. Necesitamos una palabra amable, un saludo mañanero. Un respeto como ser humano; Sí, vuelvo sobre el tema del maltrato al usuario porque es de todos los días llegar a un lugar y vivir una vez más la desprotección que tienen las personas en Cuba cuando se convierten en clientes de algunos lugares. Es algo cotidiano, puede ser una oficina comercial, una bodega, una tienda recaudadora de divisas, y aquí me quiero detener.
El escenario vuelve a ser el Centro Comercial Carlos III, la casa de la familia cubana como versa su slogan comercial. Un hecho que aunque ocurrió hace varios días, no es algo aislado. Es algo del día a día, el lugar en esta ocasión el mercado de los cárnicos. Cola dentro y fuera. Sólo una caja funcionando de cuatro que deben estar activas. Pensemos que no hay personal para cubrir estos puestos, pensemos que sólo el joven que estaba trabajando hacía un esfuerzo extra para con agilidad y sí mucha atención atender a todos. Entonces justo casi a la 6 pm dos cajeros más aparecen. En hora buena, solo que la guinda del pastel no fue una actitud positiva. Justo frente de todos, con una desfachatez indescriptible una trabajadora de este Centro Comercial, pagaba en caja, sin miramientos ni recelos, sin el menor pudor y respeto por estas personas que hacían una larga cola. La cajera? Indignada, pero con los clientes que se quejaban por esta aptitud y yo pregunto: ¿A esos clientes, a esas personas quién las protege?. ¿dónde se pueden quejar? ¿Qué hace entonces la mayoría de los afectados? Resignarse y dejar pasar el maltrato; tratar de resolver el asunto obviando las formas establecidas; o librar una batalla francamente incierta por hacer respetar sus derechos. La lógica no puede ser que el servicio o la mercancía que se ofrece —y por los que se paga— sea un favor, un trámite despersonalizado.
Pero lamentablemente, así se asume por muchos de los trabajadores y directivos de los centros comerciales, oficinas de trámites. Y lo que es peor: los mismos clientes han llegado a pensar que esas son las reglas del juego y que a ellas tienen que someterse. Eso sin hablar de la mala calidad de los productos y sus precios. Otro capítulo de esta historia que es real y que no por manida debemos dejar de hablar en próximos comentarios. El tema abordado es sólo un ejemplo de los tantos que a diario se dan. se impone una respuesta, no a esta periodista, sino a los clientes que a menudo tienen que lidiar con el maltrato.

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