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La presunta muerte de Kashoggi es realmente lamentable

La presunta muerte de Kashoggi es realmente lamentable

Desde hace dos semanas un caso digno de película estremece los medios de comunicación. Lo más insólito es que se une el mundo árabe y el occidental en una misma historia. Me refiero a la desaparición del periodista saudí Jamal Kashoggi, que por cierto, cumplió 60 años el pasado día 13.

Lo sucedido se lo recuerdo groso modo, porque ha sido ampliamente divulgado: el comunicador fue visto por última vez entrando al consulado de Arabia Saudí en Ankara, capital de Turquía, y de allí jamás salió.

Según su novia, había ido por trámites para casarse y el papeleo devino en misterio con ingredientes grotescos: que si decapitación, descuartizamiento, o si lo disolvieron en ácido.

Para más terror, comenzaron a circular rumores de que el asesinato podría haber sido filmado por la propia víctima con su reloj inteligente. Las probables causas: el periodista era un ferviente crítico del gobierno saudí, concretamente del príncipe Mohammed bin Salman y había denunciado la actuación de ese reino hacia Yemen.

Por sus publicaciones contrarias a Riad tuvo que exiliarse desde el pasado año. Tenía además antecedentes de ser un constante juez de las reformas sociales y políticas de su país y en más de una ocasión le habían hecho conteo de protección en un país donde la libertad de expresión es cuestionada, aunque con matices porque el Reino tiene el mejor padrino que se pueda tener: Estados Unidos.

Y aquí está uno de los elementos fundamentales de esta saga. La desaparición y casi comprobada muerte de Kashoggi ha levantado una ola de indignación alrededor del mundo. Las presiones se iniciaron por Turquía, donde se dieron los hechos y luego se involucró Europa y más recientemente al amigo fiel que habita en la Casa Blanca.

Washington parece que se ha tomado en serio la situación y Donald Trump ha hablado de «castigo severo» y ha enviado a su hombre de la diplomacia a la capital saudí.  Solo que hay un detalle, Estados Unidos, como ya les decía, es aliado incondicional y estratégico de Arabia Saudí. Por lo que toda actuación norteamericana suena a show mediático. Sobre todo porque Trump no es precisamente un amante de la prensa y, más bien repele a los periodistas.

Es el primero que censura cuando un medio publica algo que le es adverso. Pero la hipocresía trasciende al presidente estadounidense. La presunta muerte de Kashoggi es realmente lamentable. No debería ser esta profesión potencialmente riesgosa y hasta mortífera.

Pero termina siéndolo y son muchos los profesionales de la palabra que mueren en todas partes, y pasan a engrosar números. Digo esto para que se asuma con justeza cada caso de censura o ajusticiamiento contra un comunicador que tenga como principio la verdad y la vocación de servicio y no se de una campaña mundial por un caso puntual, mientras el resto queda silenciado.

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