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¿Por qué vuelve a ganar la opción derechista en Chile?

¿Por qué vuelve a ganar la opción derechista en Chile?

Por Cristina Escobar

Uno de los hombres más ricos de Chile, dueño de un canal de televisión, una aerolínea, y mucho más, es ahora y de nuevo presidente de Chile.

Los pronósticos afirmaban que sería una disputa reñida en esta segunda vuelta, donde Alejandro Guillier, candidato de Michelle Bachelet, tenía la dura tarea de unificar una izquierda desgastada. Pero ganó la derecha, el neoliberalismo, la inequidad, y prevaleció la triste y oscura historia de la dictadura militar.

Triunfó Sebastián Piñera, el hombre que dijo que no había pecado en haber trabajado en el gobierno de Pinochet. Sus huestes respiraron con alivio, ganó con más de lo pensado, el 54 por ciento de los votos, mientras que Guillier obtuvo el 45. La derecha ha beneficiado a los más ricos, y a la vez ha profundizado el subdesarrollo en América Latina.

¿Por qué entonces vuelve a ganar la opción derechista? Como es habitual los medios de comunicación y la incultura política juegan su papel. Mucho chileno cree que Piñera es mejor porque tiene dinero y por tanto no robará. Como es un hombre de negocios, muchos que eligieron su nombre ayer en la boleta piensan que “sabe de números”, y que por tanto administrará bien.

Le han llamado el Macri Chileno, o el Trump de la Moneda. Y el modelo se parece: el rico que dice que salvará a los pobres, el lobo rescatando a las ovejas. Hay tristes verdades en los números que se conocieron ayer. Recordará usted cuánto joven ha salido a la calle, desafiando a policías represores y con tendencia a volverse violentos. Piden lo lógico, exigen el respeto de sus derechos humanos: educación gratuita y de calidad. No obstante, Piñera concentró el voto de la gente joven, el 48 por ciento de las personas entre 18 y 44 años votaron por un hombre que no cree en la educación pública.

Y los militantes de izquierda, amedrentados por esta derrota dicen lo que tantas veces hemos escuchado: la derecha fue más disciplinada, la izquierda votó menos. Y cuántas veces más lo escucharemos, y qué harán entonces para resolver eso.

No son pocas las luchas que llenan las calles en Santiago: el tema de la educación, o las AFP, que son los fondos de pensiones que privatizaron en la época de Pinochet, por cierto, el ejecutor de esa ley fue el hermano de Piñera, que trabajó bien cerca del dictador, fue uno de los proyectos de privatización más extremos de ese país, el de decirle a la gente: el estado no se encarga de su pensión, usted ahorra toda su vida y lo entrega a una empresa privada que le dará su pensión al final, y ahora esas AFP pagan menos de lo pactado, y juegan con el dinero de miles de personas que no tuvieron más opción que entregarle el dinero a ellos, sino querían guardar debajo del colchón de por vida.

Son solo algunas de las deudas que acumulan las grandes mayorías postergadas que no se reconocen como olvidadas por el Chile rico, y votan por él, en una especie de síndrome de Estocolmo. A las 8 y 15 de la noche, Bachelet, la actual presidenta, llamó por teléfono a Piñera para felicitarlo y acordar la primera reunión para el comienzo de la entrega. No será un proceso feliz, entre los errores que le critican a ella, es que por segunda vez le entrega la banda presidencial a un derechista como Sebastián Piñera. Y también habrá que buscar en la centro-izquierda posible de Chile errores que ocasionaron esta derrota.

Una izquierda tibia, temerosa de proyectos sociales, de los medios de comunicación, del rechazo de la élite fuerte, enraizada, inmóvil de ese país austral. Tan ambigua que no cae bien a ninguno, ni a los de izquierda ni a los derecha. Tuvieron dos oportunidades: en primera vuelta y en segunda, y perdieron contundentemente, sin lugar a dudas. Piñera es un hombre que ha vinculado descaradamente la política con los negocios, porque quizás considera que son lo mismo. Ha tenido una cuestionable carrera como empresario, con serias acusaciones, y siempre al límite, sino al margen en algún momento, de lo legal, lo ético, y hasta lo moral.

El mapa es de claro retroceso de la izquierda, al lado Macri, más al norte Paraguay dominado por la derecha en la figura de Cartes, Temer en Brasil, Kuczynski en Perú, Ecuador abandonó la radicalidad de la Revolución Ciudadana, y redefine su tendencia política, en Colombia, va con ventaja el partido de Uribe en las próximas elecciones. La Bolivia de Evo, y el Uruguay de Tabaré acompañan a Venezuela en la persistencia de la izquierda, contra viento y marea. Los que en Washington se dedican a pensar cómo mantener a América Latina subordinada, celebran, y cosechan lo que sembraron. No es una situación permanente, pero será difícil cambiarla. Por ahora, Piñera en La Moneda hasta 2022.

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