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Por qué está mal quitar las pruebas de ingreso de Español

Por qué está mal quitar las pruebas de ingreso de Español

Se ha escrito bastante sobre el tema de las escuelas vocacionales en Cuba, y sé que el título de este texto parece una obviedad, pero si se ha tomado la decisión, pues tan obvios no deben parecernos los argumentos. Quedarán unas cuantas personas convencidas de que eliminar las pruebas de ingreso de Español hará un bien al país.

Con tantas trabas burocráticas afectando nuestro desarrollo científico, trabas de las que deberíamos ocuparnos con mucha más urgencia, surge la iniciativa de eliminar ese muro terrible, obsoleto, que constituyen las pruebas de Español.

Como sabemos, al terminar la secundaria nuestros pequeños científicos están tan concentrados en sus investigaciones, tan sumergidos en esos océanos de conocimiento que les ofrecen asignaturas como Física, Química o Matemática, que parecería inhumano pedirles exquisiteces anticuadas tales como la ortografía, la redacción o la más mínima noción de literatura.

Y ya que no es justo que se les mida su capacidad en tales deportes, de naturaleza femenina y decorativa, ya que siempre han reclamado liberarse de esas ataduras supersticiosas, ya que hace falta encontrar formas de convencer a los jóvenes de que entren a un lugar como los Institutos Preuniversitarios Vocacionales de Ciencias Exactas (IPVCE), ahora empequeñecidos y poco interesantes, adquiere todo el sentido del mundo adecuarse a los tiempos y ceder un poco. A fin de cuentas, los estudiantes debieron aprobar las pruebas finales de Español, algo habrán aprendido entonces.

Intento reconstruir las razones por las que alguien pensaría que la iniciativa, por llamarla de alguna forma, es sensata. Quisiera recordar al lector que la calidad de la enseñanza en las secundarias del país ha decaído considerablemente, existen casos de corrupción, y los muchachos cada vez se muestran menos interesados en aprender algo por su propia iniciativa.

Como siempre recalco, yo he dado clases en la enseñanza secundaria, y muchas de mis amistades de la Facultad de Artes y Letras lo han hecho también. No estamos especulando una posibilidad, sino constatando un hecho.

La mayoría de los estudiantes que optan por la Vocacional suelen concentrarse en las asignaturas en las que serán examinados, y en los últimos meses, de hecho, se puede decir que no les importa en lo absoluto si la Tierra es plana o redonda, si el átomo está formado por quarks o por moléculas, ya que estas cosas no se evalúan en las pruebas de ingreso.

Los alumnos, muchísimos de los cuales prestan toda su atención a los repasadores privados y no a los profesores ordinarios, sin la presión de que un contenido pueda aparecer en las pruebas de ingreso lo menosprecian de manera casi mecánica.

Uno de los problemas más graves que existen dentro de las universidades cubanas es la reducida capacidad de los estudiantes para escribir cuatro páginas mínimamente decentes acerca de su propio campo. Con esto quiero decir que la capacidad de redactar no con elegancia, sino con algún vestigio de coherencia gramatical o de sentido, ha ido desapareciendo, y los estudiantes suelen considerarla exclusiva ya no de las carreras de humanidades, sino de un puñado de filólogos cascarrabias.

Hubo un tiempo en el que a un economista, biólogo o geógrafo se le exigía la competencia escritural suficiente como para considerarse un intelectual. De nuestras universidades, sospecho, cada vez salen menos intelectuales, menos personas con la capacidad de generar ideas propias y compartirlas en libros y publicaciones periódicas. En su lugar, salen personas con conocimientos específicos, muy aislados, que pasan inmediatamente a cumplir la función de obreros en uno u otro centro.

Betrand Russell, para muchos el más grande matemático del siglo XX, fue también Premio Nobel de Literatura.

Betrand Russell, para muchos el más grande matemático del siglo XX, fue también Premio Nobel de Literatura.

En general, los universitarios cubanos no leen, ni siquiera acerca de aquello de lo que estudian. Son inmigrantes, que tratan de conservar hábitos culturales de la enseñanza media, tales como la idea de que basta estudiar por lo que dicta el profesor o por los resúmenes que alguien más preparó por su cuenta.

La bibliografía, es sabido, cuando pasa de las cuatro páginas no se lee de manera directa, sino a través de resúmenes. Y creo que este fenómeno se origina en la desatención que se le da a la lectura durante niveles anteriores. Para empezar, porque ni los padres ni los profesores han predicado con el ejemplo: recomiendan que lean, hablan de las virtudes curativas o afrodisíacas de los libros, pero no leen.

Imaginemos qué pasaría con los estudiantes si además sus padres o sus profesores les dijeran que el buen manejo del idioma resulta secundario para un científico.

La solución, si nadie quiere entrar a la Lenin o a cualquier otra vocacional cubana, no está en bajar el nivel. Una vez que se atraiga un enjambre de educandos sin condiciones y que, por culpa de ello, se vayan o se desanimen a entrar los que valen la pena, el número de solicitudes disminuirá de nuevo, y se tendrá una excusa perfecta para cerrar los IPVCE.

La solución es la que debieron emprender desde un principio: gastar lo necesario en recuperar las instalaciones más sufridas, invertir en la alimentación de los estudiantes, en el sueldo de buenos profesores. De la otra forma se estará tapando el hueco con un parche momentáneo, impopular, que a su vez habrá originado huecos nuevos. Lo de siempre.

(Tomado de Somos Jóvenes)

1 comentario

  1. Eduardo

    Generalizar algo sin mayor fundamento que “lo que considera quien lo dice” tiene un problema grande. Nuestros estudiantes no tienen en las aulas a los mejores docentes Real y cierto.
    Pero imagino que usted se haya graduado en una universidad cubana y parece que ha hilvanado ideas por más “cuatro páginas mínimamente decentes” acerca de un campo donde estuvo por poco tiempo, pero al que por nada parece estar interesado en regresar.
    Antes de existir los tan mentados IPVCE existieron escuelas en que acudian los estudiantes de mayor rendimiento académico, sin necesidad de estar internos. Esa puede ser una solución u otra que se considere viable.
    Restarle importancia al tema del estudio de la lengua materno no es una solución para un periodista. De eso carece su artículo. Recuerde que todo científico debe patentar su descubrimiento, elaborar informes de investigación y publicar los resultados de su investigación bajo determinados requisitos. No sea simplista y asuma que va a dejar de utilizar el castellano por no hacer una prueba de ingreso.
    Por favor si otro día decide escribir sobre un tema tan serio, no sea absoluto en sus planteamientos ni crea que La Habana es toda Cuba. Sea un profesional ante todo.

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