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Perspectivas de la colaboración entre Rusia y Latinoamérica

Perspectivas de la colaboración entre Rusia y Latinoamérica

Los cambios en las relaciones geoestratégicas ponen (a menudo) el foco y la perspectiva para mirar el mundo. Mientras los reflectores apuntan a un sitio, una parte de las fichas de las principales potencias se mueven a otro. Y eso sucede a distintos niveles de la arquitectura global. También, en América Latina.
Esté o no en las noticias, Rusia tiene presencia en ese espacio geográfico vital para Estados Unidos, donde también China juega para ganar.
Algo que está aprovechando Moscú. Que ve facilidades en la futura ejecución de la Iniciativa de la Franja y la Ruta de la Seda, pues el vínculo entre América Latina y Asia – Pacífico se fortalece. Tanto por la acción del capital chino – ruso, como por la incapacidad de la Administración Trump para comprender el principio “de ganancia compartida”.

Los estándares democráticos y los valores de Washington se utilizan siempre para afianzar intereses propios. Y eso tiene un costo.  No es lo mismo presentarse con la Doctrina Monroe en la maleta; que darle a la contraparte un trato de socio, en igualdad de condiciones, como lo proyectan Rusia y China, últimamente privilegiando los diálogos a nivel de país. Lo que tal vez no fue posible en tiempos de la URSS, comenzó a esbozarse a comienzos de este siglo, cuando el ciclo político que vivió América Latina, favoreció la reapertura de las relaciones con Moscú… Si bien ahora es diferente (el reloj péndula a la derecha en países como Argentina, Brasil y Chile) el vínculo con Rusia continúa sólido.

Comprensible, si tenemos en cuenta que estos gobiernos latinoamericanos se preocupan menos por lo que sucede por encima de sus cabezas, y más por una agenda económica neoliberal, en la que entra por supuesto la diversificación de mercados y la atracción de inversiones, principalmente ahora que el proteccionismo de Trump tiene desairados hasta las élites económicas que históricamente han dicho sí, a todo lo que ordena Washington. Es cierto, la cooperación de Rusia con la región se centra en países y sectores específicos particularmente de energía y defensa aunque no es despreciable el volumen de las exportaciones de alimentos de América Latina hacia la nación euroasiática.

Una relación que va creciendo (como lo ha dicho el propio presidente Vladimir Putin) que anunció hace sólo días que su país espera construir un centro de investigación y tecnologías nucleares en Bolivia. Para Rusia, es un modo de romper el aislamiento impuesto desde el exterior. Para Latinoamérica, otra oportunidad para avanzar en la construcción de un mundo multipolar, a pesar de las asimetrías (palabra importante).
Pero no basta con saber qué hacer. Es necesario el cómo.  Y con ello, los referentes, los que nunca deben perderse. Aquellos que con toda intención se llaman “nuestros”.

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