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La Feria, más que libros

La Feria, más que libros

“Desde la aparición de la radio hasta el auge del cine, desde el mágico atractivo de la televisión hasta la explosión informática, todo ha servido de pretexto para el correspondiente réquiem del libro, olvidando, tal vez, que esos medios están siempre hurgando en la literatura…” Mario Benedetti

El adagio del periodista y poeta uruguayo regala una dimensión exacta de la utilidad del libro, y con esa certeza llego el corazón de La Cabaña, sede de la XXVIII Feria Internacional del Libro de La Habana. Aquí el lector puede encontrar unos 4 000 títulos, de ellos más 600 novedades editoriales, fruto de 124 editoriales, de más de una veintena de países, incluido Cuba.

Entre los anaqueles y salones, ajetrean 380 invitados entre escritores, editores, traductores y artistas. Personas de todas las edades se mueven, caminan por los adoquines, textos abrazados; muchos constatan por qué a estos encuentros se les conoce también como Fiesta de la Literatura.

Pero una a veces se pregunta: ¿para qué sirven las ferias? ¿Qué fue lo que hizo que me detuviera en el Salón Profesional del Libro este viernes? ¿La voz de la mujer, el frenesí con que hablaba de amar con amor para salvarse? ¿Qué, de esa constelación de palabras, me hizo parar en seco y hacerme un sitio entre la multitud?

Es Hortensia Campanella, Presidenta de la Fundación Mario Benedetti, que dicta la conferencia Estrategias para la gestión de los derechos del autor uruguayo. “Estamos muy satisfechos de que su obra esté tan viva, no sólo en Cuba o América Latina, sino en el mundo, pues sigue habiendo un gran interés por utilizar, musicalizar, adaptar al teatro y al cine sus textos, o sea, que Mario está muy vivo”.

La creación de la Fundación en noviembre de 2015 con sede en Montevideo fue voluntad del escritor, que la dejó asentada en su testamento para que continúe el cuidado de su obra y se aplique a los que fueron los dos objetivos centrales de su vida: la promoción de la cultura y los derechos humanos, en especial el apoyo a los esfuerzos de búsqueda de los detenidos desaparecidos durante la última dictadura, añade.

Mario publicó 103 títulos propios, que han sido traducidos a 28 idiomas, y cuenta Campanella que las primeras ediciones en georgiano de dos obras del escritor, las novelas La tregua y Gracias al fuego, fueron presentadas hace apenas unos días en Tiflis por la editorial Palitra.

“Eso es apenas un síntoma de lo que significa la obra de Mario, creo que podemos decir ya a casi 10 años de su muerte, que él consiguió lo que quería, comunicarse con sus lectores, de ahí que los jóvenes de cualquier rincón del planeta lo consideren cercano y propio”, asegura la gestora cultural.

En el panel la acompaña Boris Faingola, director de la Distribuidora ALETEA S.A, quien evoca su juvenil “romance” con el emblemático autor y que se inició precisamente en 1972 con la lectura de La tregua, se refiere a la dimensión latinoamericana de Mario Benedetti, así como a su indeclinable militancia contra el autoritarismo, su ética y honradez.

Caridad Tamayo, directora del Fondo Editorial Casa de las Américas califica de extraordinario escritor y amigo a Benedetti y rememora: “Tuve la fortuna de conocer a Benedetti en su penúltimo viaje a la Casa en 1994. Vino acompañado de su inseparable Luz para presentar una antología de su poesía y ofrecer el que sería el último de sus recitales entre nosotros. Fue multitudinario.  La sala Che Guevara estaba repleta de jóvenes, todos expectantes, ávidos de ver y escuchar al poeta tantas veces leído. Tuve el privilegio no sólo de conocerlo personalmente sino también de ser su “Virgilio” por los intrincados pasillos de la Casa. No hemos dejado de mencionarlo ni un sólo día”.

La mezcla de talento natural, trabajo y rigor son algunas de las razones que explican la seducción de la obra de Benedetti y su universalidad, coinciden los panelistas. Pienso entonces que Benedetti a pesar de no haber nacido en Cuba, posee esa condición tangible de quien llegó y se marchó, para siempre quedarse.

El poder de fascinación que ejerce su escritura comunicante a través de la verdad de sus personajes, de las preguntas que con frecuencia plantean sus versos y de la hondura de sus reflexiones, provoca una resonancia que anula distancias geográficas o generacionales.

¿Para qué sirven las ferias? Respondería él: para convertirse en ojos, boca, manos para otras manos, bocas y miradas.

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