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Otra mala semana para Donald Trump

Otra mala semana para Donald Trump

Por: Cristina Escobar

Donald Trump repite una mala semana, él quizás no lo note o no lo reconozca, pero entre sus contradicciones y fracasos, digamos que no queda bien parado.

Durante los últimos días en Estados Unidos, las elecciones para un lugar en el Senado por el sureño estado de Alabama han obtenido atención nacional.

Jess Sessions, ahora fiscal general, nombrado por Trump, dejó puesto vacío y se disputaban su silla el demócrata Doug Jones, y el extremista religioso Roy Moore, a quien Trump apoyó con vehemencia.

Sobre Roy Moore pesaban acusaciones muy serias, cuando tenía 32 años sostuvo relaciones sexuales con una menor de 14, además se dedicaba a acosar sexualmente a adolescentes. Muchos en el partido temieron el impacto que tendrían estas acusaciones, pero Trump se mantuvo firme, y apoyó al acosador sexual.

No es el único defecto que se le endilga, este juez considera que la constitución de EE.UU. emana de la Biblia, que la homosexualidad debe prohibirse, y que su país era grande cuando las familias estaban unidas aunque hubiese esclavitud.

“Dios tiene el control” afirma este extremista, y si le vamos a creer, Dios, a través de los votantes, habló: Roy Moore el candidato de Donald Trump perdió las elecciones, en la conservadora, republicana Alabama.

Ganó por primera vez en 25 años un demócrata, que representa un asiento más en el Senado para la oposición.

El escrutinio mostró casi empate, la diferencia la pusieron las mujeres, que por suerte salieron al paso para evitar que Moore se convirtiera en la voz de Alabama en la Cámara Alta de Washington.

El líder republicano en la Cámara de Representantes, Paul Ryan, y el del Senado, Mitch McConnell habían dicho que creían en las mujeres, que se retirara de la carrera, no porque le importen las víctimas, sino porque sospechaban este resultado, y por tanto, ver perder un preciado asiento en el senado.

Esta victoria para los demócratas es una señal, la fidelidad de la base electoral, en lo que se sostiene Trump, tiene límites, incluso en bastiones republicanos como Alabama. A la vez, tres mujeres han salido esta semana para acusar al presidente Donald Trump de que él las acosó sexualmente, ya suman 16, otras ya lo habían hecho durante la campaña, sin que fueran muy escuchadas, pero en el ambiente en que todas las semanas personalidades del arte, los medios de comunicación y la política son apuntados como acosadores, le tenía que llegar el turno a Trump, que cuando no era político recibió esas acusaciones muchas veces, acusaciones que no llegaron a ninguna parte.

Esto no es lo único que le ha salido mal a Trump esta semana, Putin fue a Siria a homenajear a los rusos que ayudaron al ejército de ese país árabe, y dijo que habían cumplido su deber, que la guerra estaba ganada, y que podían volver a su patria. Trump no quiso quedarse atrás, dijo que Estados Unidos había ganado la guerra en Siria, algo completamente fuera de lugar, pues más bien le han puesto más fácil la ofensiva a los terroristas que al ejército sirio.

Trump además tiene un problema, detesta que lo critiquen, le llama a toda crítica “noticias falsas”, y las niega agrediendo a la fuente de la noticia. Debe estar durmiendo intranquilo, porque aquello de reconocer a Jerusalem, tierra santa para tantas religiones, como capital de Israel, ha sido criticado excepto por Netanyahu, por casi todo el mundo.

Es llamar a la guerra, a aquellos que lo que más saben hacer, por fuerza de la historia, es la guerra.  Y como si fuera poco, el jefe de la diplomacia estadounidense, magnate del petróleo, Rex Tillerson salió hace poco y dijo que lo de mover la embajada de Estados Unidos para Jerusalem tardará años, que no se puede hacer de inmediato. Con razón todas las semanas hay rumores de que será despedido.

Aunque Trump se quede en el asiento hasta que le toque, ayer en la noche comenzó la reacción a dar muestras de que eventualmente sentirá sobre sus hombros las consecuencias de sus acciones. El problema es cuándo alguien lo llamará a contar, y cuánto daño hace de aquí allá.

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