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Oferta, calidad y precios, divorciadas de la belleza y el confort

Oferta, calidad y precios, divorciadas de la belleza y el confort

La semana pasada el centro de nuestro comentario fue la necesidad de encontrar la belleza y el confort en las instalaciones estatales dedicadas a la gastronomía.

Algunos televidentes nos plantearon a través del correo otra situación, tan preocupante como la primera, pero a la inversa: locales arrendados por el Estado que lucen y relucen pero que no les acompaña ni la oferta, ni la calidad, ni los precios.

Quienes nos escriben señalan algunas cooperativas no agropecuarias, un modelo de gestión que comenzó en 2013 de manera experimental, y que concentra al cabo de cinco años en la gastronomía casi 160 de un total de 434.

Aunque surgieron para generar empleos, ofrecer bienes y servicios a precios asequibles para la población, existen algunas deficiencias que se muestran ante las cámaras.

Falta algo, nos dice ese televidente, están limpias y revelan un ambiente agradable, pero están vacías al mediodía donde la competencia, entiéndase, los particulares, sí llenan todas las mesas. Es muy limitada la carta y los precios todavía no son los que esperamos.

En conversación con socios de algunas de las cooperativas de la capital, adonde nuestro equipo llegó, aún encuentran muchas dificultades para obtener los abastecimientos con la variedad y la calidad que se demanda.

Reconocieron que ante la escasez, compran en las tiendas más cercanas y entonces caen en la misma reventa de bebidas y productos del particular.

Existe desatención del organismo rector, dígase MINTUR, MINCIN u otros y se suman cuestiones internas como los litigios entre los socios y el descontrol de los recursos.

Sí, es cierto, son rentables, pero prevalece el desconocimiento de una cultura organizacional cooperativa y de una norma jurídica, que ya se estudia, para acompañar mejor su gestión.

El tema del abastecimiento es vital, pero hay cooperativas que han logrado competir.

Porque está claro que cuando existe una apropiación indebida de recursos y de ingresos, entre otros males, los beneficios no pueden verse reflejados ni en la calidad del servicio, ni en el bolsillo de los cubanos.

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