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OEA: sin pruebas para condenar

OEA: sin pruebas para condenar

Observen estas imágenes. ¿Han presenciado alguna vez algo parecido en Cuba? ¿Ha visto en nuestras calles alguna bala de goma o algún policía usando gases lacrimógenos?

Seguramente no, son realidades que ni siquiera se asocian al trabajo de nuestros militares. Pero las imágenes sí existen, pero no en Cuba, sino en los países gobernados por la derecha.

Ninguno de ellos ha sido acusado en instituciones internacionales, ni llevados a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, ni han tenido el triste privilegio de que la Organización de Estados Americanos (OEA) le dedique un minuto, una sesión para condenar estos actos que sí están probados, ahí están, como sí lo hace habitualmente con Cuba y Venezuela, en este caso, sin pruebas.

Otro ejemplo ocurrió hoy. Una nueva reunión en la OEA, encabezada por su secretario general, Luis Almagro, para denunciar los supuestos abusos que se cometen en Cuba, la presunta represión que vive el pueblo cubano, y en la cual aprovechó Almagro, fíjense bien en este detalle, aprovechó para lanzar su candidatura a la reelección de su cargo.

¿No huele todo este circo a campaña? Y si realmente es campaña, está más claro que el agua a quien este señor quiere contentar, y por lógica, queda claro también quien decide en la OEA.

¿Pero qué argumentan? Esta es la parte humorística del asunto. Los casos que muestran son, por ejemplo, el del cuentapropista que se le retira la licencia por cometer ilegalidades, el que pagado, realiza un acto de desorden público para llamar la atención o crear desorden y son gentilmente retirados por la policía, o el delincuente común que tiene que enfrentarse a las leyes y luego se declara preso político.

Esos son los terribles e inhumanos casos que presentan allí, por una razón simple, no hay más nada que mostrar.
Ahora bien, hay que reconocer que dieron con los testigos adecuados.

Si quieren saber cuánto se reprime en Cuba, que interroguen a esos activistas cubanos pro derechos humanos que están allí en la sede de Washington.

Que le digan el nombre de algún desaparecido, que le enseñen las marcas de las torturas que han recibido, que le enseñen las fotos de las golpizas que recibieron; que le pregunten si alguno ha sido desalojado de sus casas, si le han confiscado sus propiedades, algunos por cierto con muy buenas propiedades, y se les han arrebatado uno de los miles de dólares que reciben por su trabajo en esos tantos, pero tantos viajes que libremente hacen por el mundo.

Se me ocurre una idea, si están interesados en los gobiernos abusivos, mejor que pongan el ojo sobre esos presidentes o futuros presidente que veneran dictaduras, rinden tributos a torturadores o cuyas familias se enriquecieron gracias a las dictaduras militares.

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