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Se está posicionando un nuevo Congreso en el capitolio de Washington

Al cierre de 2018, el centro noticioso estuvo prácticamente focalizado en Estados Unidos por las nuevas intransigencias del presidente Donald Trump, empeñado en trascender de cualquier manera posible aunque sea a golpe de extravagancias y sinsentidos.

Y comienza 2019 y sigue dando de qué hablar sobre todo porque el tema en cuestión sigue invariable: el gobierno federal norteamericano continúa en cierre parcial desde el 22 de diciembre hasta hoy, y la novedad es que en este minuto se está posicionando un nuevo Congreso en el capitolio de Washington.

Sí, se trata del elegido el pasado 6 de noviembre, y que a tono con los pronósticos, puso fin a la homogeneidad de color, se acabó el dominio rojo republicano en ambas cámaras, y los demócratas finalmente se hicieron con el control de la instancia baja, la de representantes. Por tanto, hay un legislativo dividido que obliga desde ya a Trump a negociar.

Y si con todo el órgano parlamentario a su favor, no pudo en dos años de mandato darle luz verde a sus fondos para el muro fronterizo, el mayor de sus caprichos y obsesiones, ahora definitivamente tendrá un escenario mucho menos favorable para tal propósito, aunque se le ocurran nuevos y más complejos chantajes, como ha sido el caso del cierre gubernamental.

Desde ayer, lógicamente hoy y ya agendado para mañana viernes hay numerosas reuniones, a la par que el conocido lobby político, para convencer a los azules, a todas luces, dirigidos por una experimentada en esas lides, Nancy Pelosi, que se convierte en la favorita para ocupar el cargo de líder de la Cámara de Representantes.

Pelosi conoce bien este puesto, ya lo asumió entre 2007 y 2011, siendo la primera mujer en hacerlo, pero se enfrentó a otro hueso duro, Bush hijo, y aunque por poco tiempo, le dio entrenamiento necesario para convertirse ahora en el contrapeso perfecto del complejo mandatario de turno.

Como Trump necesita ganar a toda costa, ahora le ha dado por sembrar una nueva matriz de opinión: la de que la paralización fiscal es una estrategia electoral de sus opositores para buscar ventaja de cara a las presidenciales de 2020.

Y no es que sea descabellada la idea, la política y los políticos estadounidenses no escatiman en sacar dividendos de cada propuesta sobre el tapete, pero lo cierto es que el mismísimo Trump no es la excepción cuando politizó el asunto de la crisis migratoria centroamericana, aun vigente, para intencionar los votos a su favor en las legisltativas pasadas.

Si bien el llevado y traído cierre del gobierno es el reto mayor del Congreso que asume este jueves, hay una larga lista de temas que constituyen la hoja de ruta demócrata para poner en jaque al Jefe de Estado.

Ya han anunciado que comenzarán a presionar para que se investiguen las muertes de los niños migrantes retenidos en frontera. Igualmente tienen el propósito de transparentar el ejercicio fiscal de Trump, pues al multimillonario no le gusta divulgar sus ingresos, se ha negado repetidamente y sus opositores sospechan de trampas en su haber.

Obviamente, sacarán a relucir la «trama rusa», que es la bandera más ondeada por los demócratas para intentar demostrar la tesis de la injerencia del Kremlin a favor de la elección de Trump, lo cual despejaría el camino para el impeachment o destitución.

Y no menos importante es recordar la nueva composición del legislativo que toma credenciales desde hoy. Rostros que a Trump no le son muy favorables: número creciente de mujeres y de minorías, incluyendo la hispana y la musulmana que tanto ha rechazado desde que se asentó en la Casa Blanca.

Se auguran entonces comentarios despectivos hacia estas personas en corto tiempo, cuando comiencen a funcionar como verdaderas piedras en el zapato del magnate.

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