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Muere Philip Roth, autor de “Pastoral americana”

Muere Philip Roth, autor de “Pastoral americana”

Autor: Elena Hevia

Devastado y muy conmovido. Así se muestra el mundo literario al reflejar la noticia de la muerte de Philip Roth, en los principales medios especializados y también en las redes sociales donde escritores, críticos y lectores expresaron su pesar y recordaron al gran autor estadounidense muerto a los 85 años, según Infobae.

Una de las primeras en manifestarse fue la autora Joyce Carol Oates. La escritora, allegada a Roth, compartió en las últimas horas una entrevista que hizo junto al autor en 1974.

Joyce Carol Oates. Foto: Internet

Joyce Carol Oates. Foto: Internet

Desde su cuenta de Twitter aseguró: “¡Éramos tan jóvenes entonces! Pero Philip ya tenía una cantidad considerable de trabajos. Yo supe que éramos almas gemelas (hasta cierto punto) cuando vi que en la pared cercana a su escritorio tenía un foto de Franz Kafka idéntica a la que yo tenía en la pared cercana a mi propio escritorio. Que descanse en paz”.

Otro autor que mostró su tristeza en las últimas horas es Jonathan Safran Foer. Además de señalar que la influencia de Roth es comparable a la de autores estadounidenses de la talla de Herman Melville y Emily Dickinson, en declaraciones al diario británico The Guardian afirmó: “Si llegara a tener nietos asumo y espero que lo lean y que sus vidas sean moldeadas por sus palabras como lo fue la mía. Él fue mi héroe”.

Por su parte, la escritora y amiga personal de Roth, Anne Margaret Daniel, también dialogó sobre su influencia con The Guardian.

Además de asegurar que “ningún otro autor estadounidense tenía un conocimiento más rico y más certero sobre la historia de su país” que el autor de Pastoral americana, la autora aseguró que la obra de Roth debería ser un requisito básico “en cualquier curso sobre historia norteamericana del siglo XX”.

Anne Margaret Daniel. Foto: Internet

Anne Margaret Daniel. Foto: Internet

“Como cualquier otro maestro de las palabras, Roth provee trabajo y regocijo para tu mente. A diferencia de ellos, él también alimenta tu corazón”, apuntó.

Otro representante del mundo literario que eligió Twitter es el escritor Gary Shteyngart. “Con el corazón destrozado. No habrá ninguno como él”, apenas se conoció la noticia.

En tanto, el diario italiano La Reppubblica describió a Roth como “el escritor de alma hebrea que narró los Estados Unidos”.

Por su parte el escritor y periodista español Juan Cruz aseguró que el estadounidense fue el escritor “que dejó de escribir cuando le dio la gana”.

Por la trascendencia de la obra de Roth, los medios más importantes del mundo muestran la noticia de su fallecimiento en las portadas de sus ediciones online.

En su obituario central, el New York Times describe la obra de Roth como “imponente” y asegura que su obra explora como ninguna otra “la lujuria, el judaísmo y los Estados Unidos.”

El Washington Post, en tanto, además de brindar detalles sobre la carrera del escritor, eligió contar sobre el impacto que provocó una de sus novelas más célebres, El lamento de Portnoy.

Allí le dedican un extenso texto a analizar cómo ese libro escandalizó “y cambió para siempre” a la literatura estadounidense.

Entre los textos periodísticos más conmovedores publicados en las últimas horas está el de la periodista francesa de Le Monde, Josyane Sauvigneau, que fue amiga personal de Roth y lo entrevistó muchas veces a lo largo de su carrera.

“Se dice que Philip Roth ha muerto. Seguramente es mentira. Debe haber mandado a la tumba a uno de sus dobles, Nathan Zuckerman o David Kepesh y él está tranquilo en su bella casa de Connecticut; él nada todos los días. Pero no, Nathan Zuckerman y David Kepesh están vivos para siempre, en las novelas de Roth y es la bella aventura comenzada en Newark (New Jersey) el 19 de marzo de 1933 la que se acaba de terminar el martes 22 de mayo, en New York”, publicó la prestigiosa periodista y crítica literaria que dirigió el suplemento Livres del diario francés.

Philip Roth. Foto: Reuters

Philip Roth. Foto: Reuters

La familia como prisión

Roth nació en 1933 en Newark, reducto judío (allí también nació Paul Auster), escenario de tantas de sus novelas, y fue el hermano menor de los dos hijos de los emigrantes Herman y Bess Roth, que habían llegado a Estados Unidos desde la Galitzia europea, una zona repartida entre Polonia y Ucrania. Él era un agente de seguros a quien su hijo definió como una mezcla de Willy Loman (el antihéroe de ‘La muerte de un viajante’) y el capitán Ahab. “Escucha, oh Israel, la familia es Dios. La familia es lo Único” era la ley en aquel hogar de clase media-baja, guiado con mano segura por la madre, un ama de casa de la vieja escuela, que hizo “de la limpieza una obra de arte”. Buena parte de la literatura del autor se circunscribe a ese círculo de amor (y de opresión) y a la desesperación con la que salió corriendo de allí, según afirmó El Periódico.

Macho alfa

Para describir la importancia de Roth hay que echar mano de adjetivos tamaño ‘king size’ como titánico, inmenso e, incluso, prodigioso. Empezó a escribir bajo la influencia de Saul Bellow, maestro reconocido, quizá con la intención de quitarle el cetro de mejor escritor judío. Habría que encontrar una cierta contrapartida poética en el hecho de que Bellow le robase una novia a Roth, Susan Glassman, y la convirtiese en la tercera de sus cinco esposas. De hecho, los temas de Bellow y de Roth -el ocaso del macho, la neurosis, la mirada picaresca, el miedo a las mujeres, o la crítica a la identidad judía- no son tan distintos. El gran dúo de machos alfa de la literatura de los años 60 y 70, se completa también con John Updike y, en contadas ocasiones, se deja subir al podio al  testosterónico Norman Mailer.

Gracias, ‘herr’ Freud

“Si no me hubiera psiconalizado no habría escrito ‘El mal de Portnoy. Ni tampoco me parecería a mí mismo. Probablemente, la experiencia del psicoanálisis me resultó más útil como escritor que como neurótico”, explicó el autor a Hermione Lee en la icónica entrevista de la revista ‘The Paris Review’. Portnoy, tremendamente parecido a Roth, era el protagonista de su tercera novela que hizo soltar espumarajos a los rabinos. Uno de ellos dijo que era mucho más peligroso que ‘Los protocolos de los sabios de Sion’, el gran libelo antisemita, y es que el libro, un monólogo enloquecido plagado de obscenidades, ostenta el raro honor de contar con más masturbaciones por número de páginas en la historia de la literatura

“Si no me hubiera psicoanalizado no habría escrito ‘El mal de Portnoy. Posiblemente esa experiencia me resultó más últil como escritor que como neurótico”

Philip Roth

Desprecio a uno mismo

La etiqueta de judío que odia a los judíos le persiguió de por vida y aunque al principio le agobiara, acabó adoptando ese lema con orgullo, llevándolo al siguiente nivel, sencillamente el de escritor norteamericano. “Philip Roth es el judío que se masturba con un pedazo de hígado, lo cual le permite ganar un millón de dólares”, dijo de sí mismo. No hay complacencia en ninguno de los retratos bajo los que se escondió en un juego de espejos ya fuera como Alexander Portnoy, como Zuckermann -el personaje con el que atravesó la década de los 80- como David Kepesh o como el mismísimo Philip Roth, convertido también en personaje metaliterario. “La literatura no es un concurso de belleza moral”, resumió.

‘Cherchez la femme’

Atractivo y magnético, Roth agradaba a las mujeres, pero las relaciones en las que se embarcó, turbulentas y violentas, acabaron siendo un desastre para su vida y un importante semillero para la literatura. De la convivencia explosiva con su primera esposa, Margareth Martinson, surgieron varios libros como ‘Cuando ella era buena’ y ‘Mi vida como hombre’. Con la segunda, la actriz británica Claire Bloom, se desquitó con la novela ‘Me casé con un comunista’. Lo cierto es que ella antes lo había puesto de vuelta y media en sus memorias mostrándolo como un ser mezquino, paranoico y beligerante. Con sus odiosos retratos femeninos no es extraño que las feministas más literales, las que creen que la ficción se debe atener a la corrección política, le odien.

La actriz Claire Bloom. Foto: Angel Medina / El Periódico

La actriz Claire Bloom. Foto: Angel Medina / El Periódico

El humor, el humor

A los biempensantes les costó mucho captar la muy judía capacidad de Roth de trastocar la tragedia en risa. Una prueba de ello es la trilogía de novela escritas en los 70, a cual más extravagante: ‘Nuestra pandilla’, una sátira en la que tiraba con bala contra Richard Nixon; ‘La gran novela americana’, una rareza sobre beisbol, y ‘El pecho’, sobre un hombre que se convierte en un enorme pecho de mujer (sí, como en la película de Woody Allen ‘Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo…’, que curiosamente es del mismo año que la novela).

Conejito Duracel

Parece fácil pero en sus 30 libros, resultado de trabajar incansablemente “por la mañana y por la tarde un día tras otro”, no cabía la decadencia. No muchos lo logran. Roth empezó siendo muy bueno, luego pasó a ser interesante y a mediados de los 90 sufrió una prodigiosa evolución. En la época en la que otros se jubilan -él lo hizo realmente como profesor de literatura- empezó a sumar una tras otra novelas a cual mejor a velocidad supersónica. Ahí se sitúan ‘Pastoral americana’ -o la cara oscura del sueño americano- o ‘La mancha humana’. Más tarde, bien cumplidos los 70, abordó cuatro novelas breves y elegiacas en las que era difícil reconocer al polémico ‘enfant terrible’ que fue.

El final

Dos años después de publicar su última novela, ‘Némesis’ (2011), anunció que ya no le quedaban energías para gestionar la frustración que acompaña a la creación literaria y, ante el pasmo general, porque no había dado muestras de decadencia creativa, decidió echar el cierre. Un año más tarde, preguntado en una entrevista por Idoya Noain en este periódico sobre su mayor preocupación, dejó su bromas para concretar: “La muerte”. “Intento no pensar en la muerte -dijo- pero está más cerca de lo que ha estado nunca y se acerca más cada día que pasa. Solía asustarme mucho, sobre todo cuando me acostaba por la noche. Pero cuando llega la luz, el día… Con luz no puedes morir. Ahora, sin embargo, me llega que sí puedes. Y me llega por el hecho de que todos mis amigos han muerto. No hay nada que te convenza más de la muerte que la muerte de tus amigos. Conforme vas a sus funerales te haces a la idea. Mi agenda es un cementerio. Todos los nombres están tachados. Igual queda uno… Entonces, le llamo, le pregunto si está bien, y le digo que beba algo de zumo de naranja”.

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