MUD: veinte años inventando un éxito

Por: Oliver Zamora Oria

Si se pretende dar una batalla política, el paso número uno, el esencial, es conocer las reglas del juego; y ese es otro de los problemas que enfrenta aparentemente la oposición venezolana, y digo aparentemente, porque no parece desconocimiento, sino intenciones de pasar por encima de las leyes para, cuando la justicia entre en escena a poner orden y las cosas en su lugar, entonces tener combustible para crear un nuevo escándalo.

Así sucedió con el fracasado referendo contra Maduro, nadie les dijo que no, solo que incumplieron los plazos establecidos, y algo muy parecido sucede ahora cuando la autollamada y opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD según las siglas) presentó su tarjeta para las elecciones presidenciales convocadas por la Asamblea Constituyente.

Sin embargo, los principales partidos y grupos que la componen ya estaban renovados o en vía de renovación. Entonces, de habilitar a la MUD se incurriría en un delito, pues no está permitida en Venezuela la doble militancia. Ya conocido el problema y su meollo legal, vamos al análisis.

Primera confusión o matriz errada. La oposición sí puede ir a las elecciones, pero con sus partidos. Si hubieran querido ir como coalición, pues no debieron renovar estos partidos ante las autoridades electorales y hubieran podido hacerlo entonces con la MUD.

Por lo tanto, el error cae en el terreno opositor. ¿Por qué tanto alboroto y protestas? Ah, por un detalle importante, y es que la medida pone otra vez a la oposición frente a sus mayores problemas: la falta de unidad y las luchas entre sus dirigentes por intereses personales, la falta de un programa de gobierno objetivo y que responda a los intereses de los venezolanos.

Siempre sostienen el mismo discurso, que si el chavismo crea divisiones al interior de la oposición, pero son simples justificaciones. Las rupturas de la derecha responden a su naturaleza, y para quien lo dude, que revise la historia de la MUD desde su creación: las peleas internas, el chismorreo, los partidos más fuertes pisoteando a los más pequeños, o hechos como las últimas elecciones municipales, que decidieron presentarse por separado y no en coalición como pudieron hacerlo.

¿No aseguran estar unidos por un interés común? ¿No dicen que les importa el país por encima de los intereses partidistas? ¿Que tienen líderes fuertes y populares? ¿Qué tienen el apoyo del pueblo? ¿No es lo que siempre dicen? Bueno, pues que lo demuestren ahora en las condiciones que ellos mismos propiciaron, que sean capaces de aglutinar el voto de sus bases alrededor de una figura o un partido, eso nadie lo impide.

La derecha en Venezuela está contrareloj, tumbar a Maduro tenía que ser rápido y parecía fácil en medio de una crisis económica gravísima, pero subestimaron la fuerza del chavismo, y sobre todo, la capacidad de sectores populares para desmontar la estrategia. Se les hace más difícil cada día sostener el argumento de la dictadura, y fíjense qué clase de dictadura, siempre está convocando a elecciones, llamando al diálogo, reconociendo derrotas políticas. Una dictadura que no comete fraudes electorales y que cede a demandas opositoras, como por ejemplo, adelantar las elecciones.

Pero lo peor es que el chavismo viene con tres victorias electorales contundentes. Si gana Maduro las presidenciales de este año; es difícil imaginar la precariedad en que quedaría esa oposición. Casi veinte años inventando sin éxito. Eso tiene costos.

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