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Mike Pompeo: un hombre fuerte, hostil y sin diplomacia

Mike Pompeo: un hombre fuerte, hostil y sin diplomacia

El flamante secretario de estado norteamericano, Mike Pompeo, se inauguró en la OEA. La ocasión ameritó la presencia del hombre fuerte, hostil, y no precisamente dado a la diplomacia, escogido recientemente por Trump tras despedir a Rex Tillerson.

Su discurso fue durante la Asamblea General de este organismo cada día menos multilateral. Comenzó agradeciendo al liderazgo de Almagro por disminuir la carga financiera de Estados Unidos como miembro de la OEA, y es que quieren la sede en Washington, quieren que todo el mundo pase su filtro, pero no quieren pagar tanto.

Buena parte de su alocución, y no hay sorpresas en eso, estuvo dedicado a repetir lo que ellos quieren que el mundo interprete de lo que está pasando en Venezuela. Habló de falta de democracia, pero no habló de que Maduro fue reelecto como presidente con mayor por ciento proporcionalmente que el que llevó a Donald Trump a la presidencia.

Y pidió la expulsión de Caracas de la OEA, allí donde todo el mundo ha de pensar como se piensa en Washington, o si no cierran las puertas.

Fue sorpresivo escucharlo hablar de un país que no estaba sentado en aquella mesa. Dijo Pompeo que los jóvenes cubanos exigen oportunidades educativas libres de restricciones políticas o de la represión de un régimen totalitario.

¿Quién le habrá escrito ese discurso? Debería el asesor que aportó esta idea, y el propio Pompeo pasearse por la Universidad de la Habana, o cualquiera del país, y es que entre las muchas cosas que habrá que mejorar, que no es lugar de Pompeo valorar, en Cuba la educación es libre, liberadora y laica.

Dijo luego que las sociedades democráticas, dígase las que aprueba la OEA como tal, deben apoyar a los jóvenes, que quieren oportunidades para usar sus talentos, hacer escuchar su voz, alcanzar su potencial.

Eso refiriéndose a Cuba, donde acceder a una carrera universitaria depende del esfuerzo para llegar a una casa de altos estudios, y no de los ingresos que de no tenerse implicarán una eterna deuda por mucho más de lo que costó esa carrera, como es en Estados Unidos.

Pompeo cree que las sociedades democráticas deben ayudar a los jóvenes a alcanzar su potencial, ojalá, pero que ayuden a los que más lo necesiten, como los jóvenes víctimas de los conflictos y la violencia como los que hay en México, donde todavía buscan a los jóvenes maestros normalistas de Ayotzinapa, o a los jóvenes brasileños, donde se ha tornado titular habitual, la muerte o persecución de líderes sociales, también jóvenes, de eso no habló Pompeo.

Yo tendría una sugerencia mejor que ayude a los jóvenes estadounidenses que están en peligro todos los días por el excesivo acceso a armas de fuego que causa muertes de manera habitual, algo que gente como él justifica con la libertad de portar armas de fuego, algo que para los jóvenes que están en las aulas sí son consignas vacías.

Pompeo va a la OEA a lo que le toca, a recordarle a todo el mundo que Estados Unidos regresa a la más agresiva retórica y a las políticas más intervencionistas.

Su currículum político habla por sí solo: militante del Tea Party, republicano hasta la médula, cree que el acuerdo nuclear con Irán era perjudicial porque los iraníes son tramposos, no descarta dar el primer paso en una guerra con Korea del Norte.

Sus detractores dicen que lo de él es hacer guerras, y gente así no hace nada en la diplomacia. Los que se alegran de su presencia en el Departamento de Estado afirman que será positivo porque Trump lo escucha, al menos por el momento.

Yo diría mejor: él escucha a Trump y le sigue la rima, lo cual a Tillerson, quien escuchaba a su sentido común, esto le salió mal y tuvo incoherencias públicas y simultáneas con su jefe. Por eso no quieren que los estadounidenses vengan a Cuba, porque si vienen comprobarán que mienten.

Él, Marco Rubio, John Bolton, y hasta Trump que repite lo que aquellos cuentan. Siete minutos y once segundos le bastaron a Pompeo para hablar solo de aquellas naciones que políticamente no obedecen el manual que él aprendió y aplicó en la CIA, cuando fue su director.

Tiempo suficiente para recordarle a todo el mundo que la dirección coral la pone él. Más razones que demuestran que allí, mejor faltar al pase de lista.

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