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Miguel Díaz-Canel inaugura el Salón del Deporte Cubano

Miguel Díaz-Canel inaugura el Salón del Deporte Cubano

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, es también un apasionado del deporte y de esta forma lo hizo constar en la inauguración del Salón del Deporte Cubano, una suerte de moderna vitrina para exhibir la gloria vivida por nuestro pueblo en el terreno atlético.

Llegó justo a las ocho de la noche a las inmediaciones del coliseo de la Ciudad Deportiva. Saludó antes a los asaltantes al Moncada y a los expedicionarios del Granma presentes en la actividad; luego estrechó la mano de varias personalidades y de los atletas y glorias del deporte más cercanos a su asiento. Saludó a todos con un leve, pero emotivo gesto.

Agradeció y felicitó de pie las palabras de Tomás Herrera, presidente de la Comisión Nacional de Atención a Atletas del Inder; siguió cada detalle de las presentaciones del grupo musical Frasis; y admiró cómo Antonio Becali, Roberto León Richards, el propio Tomás y Frederich Cepeda participaron en la cancelación de una serie postal a propósito de los juegos Centroamericanos y del Caribe de Barranquilla.

Aplaudió entre sonrisas el reconocimiento a quienes con voluntad, esfuerzo y desvelos hicieron realidad este nuevo templo del deporte cubano, y después, sin papeles de por medio, con la naturalidad de siempre, le habló a los presentes, especialmente a los jóvenes que en solo horas representarán a la nación en suelo colombiano.


No hubo más protocolo que la sinceridad, y tras decir algunas ideas medulares compartió su podio, sus micrófonos, su espacio, con una veintena de protagonistas del deporte. Les pidió a todos su compromiso y no escatimó aplausos, besos y palabras de elogio y estímulo.

“Todos somos Cuba y vamos a vencer por nuestra Patria, el Socialismo, Fidel y Raúl”, dijo con energía antes de cortar la cinta que le separaba de un sitio futurista, elegante, hermoso, admirable.

Entró sonriente y observó con admiración la altura de 2,45 metros sobre la cual voló Javier Sotomayor a finales de los años 80 del pasado siglo, y luego recorrió los dos pisos del recinto entre preguntas, gestos de satisfacción y algunas sugerencias.

¿Han quedado satisfechos? ¿Será sostenible en el tiempo? ¿Puede mejorarse? ¿Qué perspectivas tienen? preguntó amigablemente antes de prometer que volverá más temprano que tarde.

Quizás consciente de que afuera varios cientos de personas esperaban su turno para entrar al lugar, no abusó de su merecido privilegio y en apenas minutos lo abarcó todo, sin obviar detalles.

Con información de Cubadebate

 

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