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Trump arrecia su política contra Cuba mientras el mundo dice #NoMásBloqueo

Trump arrecia su política contra Cuba mientras el mundo dice #NoMásBloqueo

Faltan 16 días para que tenga lugar, en el contexto de la Asamblea General de la ONU, una nueva votación sobre la resolución cubana que exige el levantamiento del bloqueo estadounidense contra la isla.

Es una práctica habitual desde el año 1992 que ha contado con un crecimiento progresivo a favor de Cuba, al punto de que en el 2016, usted recordará que se dio un hecho inédito: el perpetrador de la política se abstuvo dando como resultado una votación jamás superable dentro de la comunidad internacional que reconoce abiertamente y no solo con su voto cada año, que la coerción económica sobre La Habana es unilateral, perjudica a los cubanos y entorpece el buen desarrollo de Cuba con sus socios comerciales, al aplicarse el chantaje y la persecución financiera sobre terceros que nada tienen que ver en esta arremetida de Washington contra la isla que siempre ha sido el mayor de sus caprichos en el área.

Eso sucedió cuando la administración Obama decidió apostarle al deshielo en las relaciones diplomáticas y entender que su política había resultado fallida.

Pero con la llegada del excéntrico, prepotente y arrogante Donald Trump, todo quedó en espejismo y la situación se retrotrajo a los peores escenarios de guerra fría. 

Ahora se acerca el momento en el que Estados Unidos queda desmoralizado ante las Naciones Unidas, es cierto que se comporta como si no le importara, no hay presión para que la votación sea vinculante, pero tras bambalinas no se desentiende del todo, de otra manera, no desplegaría toda su diplomacia de monedero para restar apoyo a Cuba y ganar seguidores en su afán condenatorio contra La Habana.

Sí, porque aquí se despliega la más vulgar compra de votos bajo personajes de corbata. Las víctimas más vulnerables son esas naciones pequeñas cuyos presupuestos nacionales dependen de donaciones norteamericanas que se vuelven más generosas si se le hace caso al dueño de la billetera. Ya debe haber visto las noticias, la más reciente estrategia es volver a desempolvar el llevado y traído asunto de los derechos humanos.

Y para mañana han preparado un evento sacado de debajo de la manga bajo el nombre de «Jailed for what», «Encarcelado por qué», una campaña para vender una vieja idea: la de los presos políticos, o de conciencia aquí en la isla, junto a la arenga de las supuestas violaciones a sus derechos más elementales dentro de los reclusorios.
Más de lo mismo.

Lo distinto es que han reservado un salón dentro de los salones de la ONU en Nueva York para tales fines, una acción que la representación diplomática ante esa instancia ha denunciado, exigiendo de inmediato que se cancele tal actividad. Porque obviamente se contravienen los principios de la Carta del organismo multilateral, se busca agredir a uno de los miembros de la ONU.

Habrá que recordarle a Estados Unidos que ellos cuentan con la mayor población carcelaria del mundo, 2,2 millones de presos, algunos por delitos que en otros países ni siquiera se tienen en cuenta, y en la mayoría de los centros penitenciarios se vive en condiciones de esclavitud moderna, lo dice su propia prensa; en otras cifras: con menos del 5 por ciento de la población mundial albergan la cuarta parte de los presos del mundo.

Hay que adicionar que la pena de muerte está a la orden del día en muchos casos aplicadas a personas con juicios poco esclarecidos; que allí estuvieron presos 5 cubanos con penas desproporcionadas; que también encarcelan a personas por actos de conciencia y defensa de los principios, y el puertorriqueño Oscar López Rivera es apenas un ejemplo dentro de miles; que comúnmente hay afroamericanos muertos a manos de la policía bajo la discriminatoria práctica de apuntar primero y preguntar después. Eso en materia doméstica.

Y fuera de casa, cárceles secretas para torturar, una de ellas aquí mismo en territorio cubano ocupado ilegalmente. ¿De qué hablamos, entonces? Lo cierto es que la iniciativa se pinta como medida desesperada de la administración Trump, a sabiendas de que el 31 de octubre también se quedarán aislados en la gran sala plenaria junto al siempre leal Israel y aquellos que no puedan decidir de manera soberana.

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