Medios de Comunicación: nuevo campo de enfrentamiento Rusia-EE.UU.

Por: Anisley Torres

El enfrentamiento Washington-Moscú llegó al terreno de los medios de comunicación, ahora con una cruzada de prohibiciones que pone en jaque el flujo informativo y ubica en el centro del peligro a los profesionales del gremio.
Como viene siendo una constante en la última etapa, Estados Unidos ataca primero y Rusia responde en consecuencia bajo la premisa de «reciprocidad». Primero sucedió con el tema diplomático y la reducción de personal y ahora con medios de prensa.

Probablemente usted ya esté enterado de las líneas generales: el Congreso estadounidense retiró las credenciales a la televisora RT, siglas de Russia Today, y obligó al medio a registrarse como «agente extranjero», y para equipar el ataque, el Kremlin efectuó la misma operación contra 9 medios, incluyendo la Voz de América, que no es cualquier medio, sino nada más y nada menos que el servicio de radio y televisión del gobierno norteamericano.
Pero ¿qué significa ser catalogado como agente extranjero? Es una condición jurídica a entidades o personas a las que se considera que operan para intereses extranjeros, roza con el tratamiento de espías, pero bajo circunstancias más flexibles y que obliga a responder a una serie de condicionamientos de la justicia del país en el que se hallan, como por ejemplo compartir información sensible o confidencial.
En todo caso, además de este seguimiento con lupa, las compañías de información etiquetadas tendrán prohibido acceder a los respectivos parlamentos para ejercer su función social, ni RT al Capitolio, ni la Voz a la Duma. Si hay algún tipo de violación en las condiciones, la historia puede terminar en cárcel, congelamiento de fondos, multas y claro está, expulsión.
Medidas hostiles que se basas en legislaciones de épocas pasadas, de hecho, en el caso estadounidense, la ley que ampara esta categorización de «agente extranjero» data de 1938 y se usó mayormente para combatir la propaganda nazi.
En el caso ruso, la legislación tuvo que ser aprobada recientemente para responder con simetría al ataque de su potencia rival. Detrás de todo esto, se pone en tela de juicio la autoproclamada libertad de expresión, de la que los estadounidenses tanto presumen y que al fin y al cabo es solo demagogia y puro proselitismo.

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