Marco Rubio incita a golpe de estado en Venezuela

Seguro escuchó sobre el asunto durante la semana. Dos influyentes políticos estadounidenses llamaron a un golpe de Estado en Venezuela a manos de los militares. Lo hicieron con ese vocabulario ambiguo e indirecto que a veces usan los políticos, pero la idea fue muy claro; me refiero al secretario de Estado, Tillerson, y al senador republicano, Marco Rubio. Y de esas declaraciones se puede inferir muchas cosas, entre ellas cierto desespero por la tendencia a la estabilidad en la situación política en el país sudamericano.

Vamos por pasos: La estrategia con Venezuela siempre fue la aplicación de la llamada Guerra no Convencional, que cada día se va haciendo más convencional, la utilización de los instrumentos blandos en política exterior, es decir, lograr una implosión del sistema que pareciera protagonizada por los mismos venezolanos y con la mano oculta, a veces no muy oculta, de Washington, quien, según el plan, actuaría al final con una intervención humanitaria, algo de lo que también se ha hablado mucho últimamente.

Y la verdad es que todo parecía listo. Se habían combinado un grupo de factores muy oportunos para ese objetivo que pronosticaban un éxito seguro: una feroz crisis económica, cierto descontento social debido a esa crisis, algunas traiciones dentro del chavismo, terrorismo y violencia en momentos políticos claves, y un concierto de gobiernos latinoamericanos de derecha, siempre más interesados en hacer sonreír a Washington que en los intereses de la región. Pero comenzaron a fallar las variables, y lo que debió ser un proceso rápido se convirtió en un pulseo interminable, en el cual hoy la oposición venezolana tiene la mano casi pegada a la mesa. Recordemos que la derecha casi no tiene presencia en las gobernaciones y alcaldías, luego de tres derrotas electorales consecutivas. Sólo se dedican a un Parlamento ilegal e inoperante y ahora van, como siempre, divididos a las elecciones presidenciales. El llamado de Tillerson y de Marco Rubio es un reconocimiento explícito a que la estrategia implementada ha fallado, y recurren ahora a una opción de emergencia que sería el golpe.

¿Dónde ha estado el error?.Podemos hablar de muchos, pero uno de ellos ha sido la mediocridad y el desprestigio de la oposición venezolana, que hoy por hoy no tiene ni un rostro que mostrarle al país. Pero algo ha quedado demostrado. La élite estadounidense y sus tanques pensantes no saben nada, absolutamente nada, sobre procesos revolucionarios. Son incapaces de interpretarlos y de ver el peso de los valores que estos generan, quizás porque siempre analizan desde su egocentrismo y miden al mundo a partir de su realidad, que es muy diferente a la del resto del mundo. Es un tema excelente para un próximo comentario. Pero, hay otro elemento que se deduce, y lo repito porque es una lección histórica. La idea de una América Latina independiente, (fíjense que ni siquiera digo de izquierda o revolucionaria), una América Latina independiente y soberana es antagónica con la visión estadounidense sobre lo que nosotros debemos ser. Cambiarán los presidentes en la Casa Blanca, cambiarán los discursos, se ensayarán nuevos métodos, se rescatarán los viejos como hacen ahora estos dos personajes, pero siempre los objetivos de la política norteamericana serán los mismos.

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