!Lula libre!, un llamado que recorrió todo Brasil

Brasil ha vivido un fin de semana de grandes emociones

Parecía que el dolor por la eliminación de Brasil del Mundial ante Bélgica, y las lágrimas de Neymar serían insuperables. Hasta que la decisión de un juez de segunda instancia del Tribunal Regional Federal irrumpió en la dinámica nacional y ocasionó esto: esperanza. Rogerio Favreto, juez de guardia, ordenó de manera inmediata liberar a Lula para que pudiera participar en las actividades de campaña antes de las elecciones a las que su partido insiste en llevarlo como candidato. 

Favreto: un juez digno

Un rebelde, Favreto, antes militante del PT, y ahora como juez, lo suficientemente valiente como para romper el cerco judicial. Fue vehemente: ordenó a la policía liberar al ex presidente de manera inmediata. Pero, esta batalla tenía varios capítulos en menos de 24 horas.  Casi enseguida otro magistrado de segunda instancia, con la misma jerarquía que Favreto, anuló la decisión de su colega. Joao Pedro Gebran Neto, se apuró a corregir el error, repito, es una violación Neto tiene exactamente la misma jerarquía de Favreto, no tiene derecho a revocar lo que un juez de mismo nivel ha decidido. A las 4 de la tarde Favreto le puso ritmo a la trama, obligó a la policía y dijo en una hora tiene que estar libre.

Ahí intervino el jefe del tribunal regional de Porto Alegre, Carlos Eduardo Thompson Flores, quien ordenó que Lula continuase en prisión. Coordinó la rápida respuesta Sergio Moro, el juez de segunda instancia que puso a Lula en la cárcel, el cazador del Lava Jato, el que salió cortando cabezas con pruebas y sin ellas. 

Moro se pronunció rápidamente contra Favreto, primera violación, un juez de primera instancia opinando sobre decisiones de instancias superiores, segundo: Moro está de vacaciones, y los jueces no pueden emitir órdenes mientras no están en funciones. Conclusión de esta temporada: Lula sigue preso, y si quedaba duda ahora se han dilucidado: la batalla judicial entre jueces, y apreciaciones política no legales es la que está conduciendo los destinos de Luis Inácio Lula da Silva que es, cada día queda más claro, un preso político.

Moro hace lo que le da la gana, muestra que desde Portugal, recesando en sus funciones, puede dictar por encima de un sistema establecido. Hay una orden clara: mantener a Lula fuera de la campaña electoral.  La orden ha de ser cumplida, y si hay fallos como el de Favreto ayer, juez decente ejerciendo su función pública, se recoge pita de inmediato para que no haya males mayores.

Solo tras las rejas detienen a Lula, a quien llamarán corrupto, y reiterarán el apartamento que aceptó un apartamento, y que eso lo hace culpable de corrupción pasiva, pero no importa cuánto lo digan: Lula encabeza todas las encuestas de intención de voto. La más reciente dice que el 33 por ciento de los brasileños quieren que restaure la democracia, el que más cerca le llega tiene un 18 por ciento de intención de votos, un hombre que se llama Jair Bolsonaro, que tienes una manera de pensar muy particular, ha dicho que el error de la dictadura fue torturar y no matar, y que Pinochet debió haber matado más gente.

 

Los medios de difusión hacen campaña contra los candidatos de izquierda

Michel Temer también tiene listo un candidato, en las encuestas tiene un por ciento, es casi un margen de error.  Conclusión no existe nadie que se le acerque al líder sindical, el ex presidente, el que ostentara alguna vez los más altos índices de aprobación política en Brasil. Temer tiene el incondicional apoyo de los medios de comunicación, de las multinacionales, de los ricos brasileños. 

Pero ni eso es suficiente, hay que dejarlo tras las rejas, y ni así duerme tranquilo. Por eso Sergio Moro es tan importante, el juez que hizo todo para encerrarlo y lo logró con la más alta de las absurdas penas.  Ahora los medios le siguen la pista a este el juez que más llama a la honestidad.

Desde que condenó a Lula en 2017, Moro ha escogido mucho tiempo libre.  Fue al menos dos veces a Estados Unidos para recibir un premio de empresarios de aquel país. Después trabajó algunos meses, luego fue al paraíso fiscal de Monte Carlo donde fue recibido por el príncipe Alberto, también de vacaciones, y ahora en Portugal, de vacaciones.  Pero no importa, porque desde cualquier soleada playa decide los destinos del país más grande del continente.

Tras este fin de semana Brasil sangra por dos heridas. La primera es que no serán campeones del mundo en el más practicado de los deportes, y la segunda que la justicia ha dejado de ser tal cosa para estar al servicio exclusivo del poder. Ya lo han dicho sabios: la lucha que se pierde es la que se abandona, así piensa Lula, por tanto, esta novela no acaba todavía.

Cristina Escobar

Periodista del Sistema Informativo de la Televisión Cubana y Canal Caribe

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