Menú

Lula Da Silva todavía no va a la cárcel

Lula Da Silva todavía no va a la cárcel

Ya es un hecho: Lula Da Silva ha sido condenado en un tribunal de apelaciones en segunda instancia y aumentada su sentencia, pero todavía no va a la cárcel. La gran pregunta de todos es si podrá seguir siendo el candidato del PT, si realmente podrá volver a la presidencia del país, o al menos competir por ella. Es difícil de responder, pero lo que puede darse por sentado es que existe aún una posibilidad, y mientras haya un resquicio, la batalla legal y el apoyo popular son más necesarios que nunca.

Todo tiene que ver con los vericuetos de la justicia brasileña, bien sabemos que mañosa, pero de la que ahora hay que tirar hasta el último de sus recursos. Quedan dos decisiones más en esta trama judicial totalmente politizada: la del Supremo Tribunal de Justicia y la del Supremo Tribunal Federal, y éste es el que tiene la irrevocable y definitiva última palabra.

Y solo cuando el Supremo Federal falle contra el expresidente irá tras las rejas, y con él el sueño de cambiar el estado actual de un país que va cuesta abajo entre privatizaciones, recortes sociales y escándalos por corrupción. Pero más allá de nuevas audiencias que vendrán, el asunto en cuestión radica en los plazos, digamos, los tiempos. Y aquí hay un primer problema, que la sentencia condenatoria haya sido por unanimidad de los tres jueces, hace que se acorten los períodos para próximas apelaciones. Y hay otro factor importante, las reinterpretaciones. Me refiero al hecho de que, teóricamente ya está inhabilitado para cargos públicos, según la Ley de Ficha Limpia, pero en la práctica podrían existir medidas cautelares y también depende de la decisión del órgano electoral.

Todavía Lula podría inscribirse como aspirante de su partido, entre julio y agosto, y esa es la voluntad de los suyos que, tal y como les dije el martes, no tienen plan B, ahora dicen que su plan es solo L, plan Lula. En otros términos, si la defensa sabe jugar bien sus cartas puede sortear todas las trabas judiciales hasta colocarlo a la cabeza de Estado, si es que se cumplen los sondeos que lo dan como favorito absoluto.

Y una vez en la silla presidencial, adquiriría la protección del fuero constitucional o parlamentario, es decir, el privilegio de la inmunidad. Ojo, esto no lo hace del todo infalible, existe luego la figura del juicio político que ya Brasil conoce de memoria, porque está demasiado fresco el Impeachment contra Dilma Rousseff.

Por lo pronto, Lula sigue en la calle, al lado de sus seguidores y correligionarios. Lejos de amilanarse, gana popularidad, casi a niveles de cuando era mandatario de Brasil. Baste decir que dejó el poder con más de un 80 por ciento de aprobación, y ahora, la persecución política se revierte y lo convierte en héroe de multitudes. Pero de que está contra las cuerdas, no cabe duda, ser inocente al fin y al cabo, no cuenta, y la historia pasada y reciente de Latinoamérica bien nos lo recuerda, al punto de que tenemos a más de un corrupto en la presidencia, empezando por Temer en el mismísimo Brasil.

Comentar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *