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Luciano Benjamín Menéndez ha muerto

Luciano Benjamín Menéndez ha muerto

Aunque pasen los años todavía sorprende las historias de muerte y tortura que duelen a los familiares de desaparecidos en Argentina. Entre 1976 y 1983 ese país sufrió una de las más sangrientas dictaduras de la historia de la humanidad. Ayer murió a los 90 años uno de los protagonistas, el hombre considerado ideólogo del terrorismo de estado: Luciano Benjamín Menéndez.

Siempre lejos del gatillo, pero ordenó, diseñó, estuvo en cientos de operaciones ilegales de tortura y asesinatos masivos. Su historia, por contada, no deja de ser estremecedora. Provino de una familia de militares, y trabajó bajos las órdenes de Jorge Videla, otro nombre sinónimo de represión y muerte, Menéndez se fue contra su propio jefe, intentando ocupar su puesto, y dicen que Videla le tenía miedo, Menéndez consideraba a Videla, un asesino como no es capaz de contar ni la más elaborada ficción, un blando. En 1984 fue de los primeros en el banquillo de los acusados, y guardó prisión, hasta que Menem, en 1990, indultó a los genocidas. Lo mejor es olvidar, era el coro de ambos. No obstante, las organizaciones de derechos humanos, los muchos familiares de desaparecidos, las personas decentes, no olvidaron lo que hizo Menéndez.

Nestor Kirchner desterró el olvido conveniente para los culpables, y el ahora fallecido militar represor volvió a ser enjuiciado, tiene record, 14 cadenas perpetuas, es el militar de todos los que en el país austral han tenido que responder por sus crímenes, el que más condenas tiene por delitos de lesa humanidad. Ordenó y vio golpear mujeres embarazadas, mandó a matar en lo que él estaba convencido que era una guerra: Argentina está invadida por subversivos marxistas, decía este militar el de más alto rango de la dictadura que quedaba vivo. Decía a sus subordinados: que todos hagan de todo, para que no quedara uno sin manchar sus manos de sangre, y así todos sabiéndose genocidas, torturadores, nadie hablara, y el pacto de silencio los protegiera.

En los juicios bostezaba, y se mantenía en ese estado entre dormido y despierto, como si todo aquello no tuviera nada que ver con él. Dijo en 2016: en Argentina no hubo represión alguna. Y a veces las cosas hay que ponerlas en contexto, esa dictadura que terminó con la desaparición forzada de 20 mil personas, y el robo de cientos de recién nacidos, fue apoyada por Estados Unidos, con la excusa de encontrar la paz: Menem y un grupo importante de personas de poder en Argentina, los indultó en un intento de poner punto final, cuando todavía las abuelas buscan sus nietos vivos y en manos de otros, y quisieran llevar flores a alguna tumba.

Nestor Kirchner y Cristina tuvieran el valor, y la historia los recompensará por eso, de ponerle nombre: no hay olvido si las víctimas ven la impunidad. Y vamos a ellos, abuelas con nietos vivos que fueron robados, jóvenes muertos y desaparecidos, no saben dónde están, quién sí sabía Menéndez, este represor que aunque tenía sobre sus espaldas 13 cadenas perpetuas, no dijo nunca a quién entregó los bebés, ni dónde están las fosas con los desparecidos. Nunca se arrepintió. Y murió a los 90 años, cuando no le hubiesen alcanzo dos vidas para pagar lo que hizo.

El peor rostro de la etapa más trágica de la historia reciente de América Latina ha muerto, dicen que tranquilo, su desdén por el dolor ajeno le permitió no escuchar los reclamos de los muertos y los vivos. Dice un titular del diario argentino Página 12 y lo uscribo: Luciano Benjamín Menéndez, que no descanse en paz.

Habrá que volver a contar su historia una y otra vez, que no por sangrienta y horrible, moleste a patriotas cómplices con la represión. Y desterrar para siempre el olvido, en él yace la posibilidad de que capítulos trágicos como estos se repitan.

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