Los titulares de la muerte (comentario)

Por Cristina Escobar

Este fin de semana han ocupado titulares la muerte de varias personas. Algunos de estos decesos han traído sosiego. Es el caso de Charles Manson, asesino en serie que a finales de los 60 lideró un grupo que asesinaba personas en una guerra racial. A manos de Manson murió por ejemplo la actriz Sharon Tate, embarazada de 8 meses. El hombre más violento vivo tenía 83 años cuando murió por causas naturales, afirman sus guardianes. Su nombre fue siempre relacionado con desalmada violencia, pero obtendrá mucha más atención que otros muertos: Quentin Tarantino le hará una película. En este caso, su pérdida representa una tranquilidad para los familiares de las víctimas.

Otra muerte atrajo atención, el mexicano Adolfo Lagos, vicepresidente de la cadena Televisa, fue asesinado a balazos mientras daba un paseo en bicicleta, en su país, México, donde los homicidios suceden uno tras u otro impunemente. El sector empresarial de ese país reaccionó: condenan el asesinato, y exigen acciones contra la ola de inseguridad en todo el país. Cuando muere alguien rico y mediático, es importante tomar medidas contra la violencia, otros mueren todos los días sin respuesta, las tumbas aparecen en cualquier lugar, y solo identificar quienes son demasiado engorroso. Mientras los jóvenes normalistas de Ayotzinapa siguen desaparecidos. Y hablando de México, murió en la frontera con Estados Unidos un oficial de seguridad, su nombre era Rogelio Martínez y tenía 36 años. Custodiaba esa frontera por donde tantas personas pasan, y tanta droga.

El FBI ya está a la caza de quién fue, y le ha venido como anillo al dedo al presidente Donald Trump: “buscaremos a los responsables y los someteremos ante la justicia”, dijo sobre el oficial, no sobre los que usan las armas de fuego para lo que sirven. Luego volvió con Bohemia vieja: hay que hacer el muro, afirma con su odio visceral al otro que no es como él ¿Sabrá él cuántas personas mueren todos los días en la frontera? ¿Se preguntará las razones por las que los latinoamericanos se juegan la vida para cruzar esa línea que define el final de un mundo y el comienzo de otro? ¿Le importará eso? Que muera un oficial allí, es excusa para volver sobre la descabellada idea de una barrera física que no detendrá la violencia, sino todo lo contrario. Otros murieron este fin de semana, sin mucha atención mediática. Quince personas, entre ellos niños y ancianos, en una zona rural en Marruecos, ¿cómo? En una avalancha humana que se formó en busca de comida, al llegar un convoy de ayuda. Nadie lee los nombres, ni las historias familiares de cada una de ellas, pero murieron en la emergencia del hambre.

¿Quién paga esa responsabilidad? Otra pregunta sin respuesta. Y también tristemente murió este fin de semana la argentina Marta Vázquez, miembro de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora. Era una luchadora por los derechos humanos, el único camino que encontró después de que el 14 de mayo de 1976 la vida le cambiara para siempre cuando la dictadura le secuestrara a su hija embarazada. Murió sin encontrarla, ya la sabe muerta, pero no encontró a su nieto o nieta que camina por alguna calle, en alguna ciudad de ese país. Dijo siempre que seguía en la lucha porque cada uno que hallaran era una victoria sobre los captores.

¿Quién le devuelve a su hija, o mejor: quién le devuelve la vida que no vivió con ella? Que mueran personas, cualquiera y en cualquier lugar es un hecho triste, por un arma de fuego en un tiroteo en Estados Unidos, por la violencia machista en España, o en Arabia Saudita, ahogados en el Mediterráneo, o en las guerras de Medio Oriente, pero desgraciadamente no todas importan igual, ni sirven para lo mismo. Ojalá y esta semana que comienza depare mejores noticias que contarle.

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