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Las Naciones Unidas pueden superar cualquier división

Las Naciones Unidas pueden superar cualquier división

Aprovechando el desarrollo del 73 período de sesiones de la Asamblea General de la ONU, no es ocioso hacerse preguntas para entender cuestiones más complejas sobre un organismo que (en los tiempos en que se mide la historia) vive una fase todavía primaria, donde convergen cambios y rezagos, con imperativos de supervivencia política.
La ONU necesita refundación, y no sólo porque tiene más de una promesa incumplida, es que, para ser realmente funcional y sincera con los principios que la originaron, primero, debe renunciar a la posición de rehén de la política de Estados Unidos. El “gran país” que ha garantizado aportes que representan el 22% del presupuesto anual de la ONU, recupera lo que paga, utilizando instancias de ese organismo para promover agendas de intervención y enfoques unilaterales.
Lo ha logrado, a costa de la credibilidad de Naciones Unidas, que gira sobre sí misma, cuando debería ser espacio de confluencia para soluciones políticas, fundamentalmente ahora que los métodos de Trump chocan con los intereses del poder trasnacional, generando un ambiente global aún más inestable. Si antes Washington daba a Naciones Unidas para después cobrar, la nueva política es el chantaje a través del retiro de fondos, como sucedió con el programa de ayudas a refugiados palestinos.
Sin embargo, a Trump le sobran Setecientos mil millones de dólares para financiar programas y actividades militares, en el año 2019. Ahora bien, si la ONU nació para dirimir conflictos y evitar una nueva guerra mundial, ¿cómo se admite que Estados Unidos se abrogue el derecho a intervenir a otros por supuestas razones humanitarias, cuando financia la desestabilización de países clave para la geopolítica como Siria y Venezuela?
En estos días, vimos el despliegue de la habitualidad diplomática, pero también señales determinantes sobre la ONU que puede surgir, tras el ocaso de Estados Unidos como hegemón mundial. El organismo que presenció la frialdad entre Washington y sus socios tradicionales. El que se rió en pleno de las mentiras de Trump. El que vio como Cuba explicaba al presidente de Estados Unidos que, si menos del uno por ciento de la población mundial detenta el 46% de toda la riqueza, el autor no es el Socialismo, sinó el paradigma que el capitalismo defiende como ideal supremo.
Vimos mucho coraje para decir verdades que otros no escuchan a menudo… No cambió nada en especial, y al mismo tiempo, todo fue diferente. Se ha logrado un consenso: las Naciones (Unidas) pueden superar cualquier división.

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