La “Venefobia” de estos tiempos

Una obsesión se ha apoderado por completo de la derecha latinoamericana, un padecimiento incurable que lleva por nombre Venezuela. Es tan grande esa “venefobia” por decirle de algún modo, que los pacientes hasta desatienden sus propios problemas, que no son pocos, para concentrar sus energías en la nación sudamericana. Ojalá solo fuera Luis Almagro en la OEA, les pongo dos ejemplos más, el presidente chileno, Sebastián Piñera, viajará a la Casa Blanca para hablar con su par estadounidense sobre Venezuela; y al saber esto uno se pregunta ¿cuántos temas existen, que realmente le interesan a ambos países, y que podrían hablar ambos mandatarios? Comercio, cooperación, créditos, intercambio cultural, en fin, una larga lista; y falta que haría hablarlos, para ver si Piñera soluciona esa pobreza, que según estudios independientes, llega al 27 por ciento, mucho más del doble de la cifra mostrada por el gobierno.

Y otro ejemplo es el vecino, el presidente colombiano Iván Duque. Irá a la ONU y uno de sus principales propuestas en Naciones Unidas será la creación de un fondo multilateral de asistencia a los emigrantes venezolanos que huyen de esa crisis económica, que alientan presidentes como él. Cualquiera pensaría que a Duque le interesa de verdad el pueblo venezolano, pero nunca se le ha escuchado condenar la violencia opositora en Venezuela, ni a los artífices de la guerra económica que ese país sufre, ni ha mostrado voluntad alguna de establecer una cooperación directa, bilateral con Caracas para solucionar ese problema. Todavía no hemos visto una noticia, en la cual se anuncie alguna medida de la administración colombiana para frenar el contrabando en la frontera, que representa una hemorragia para la economía venezolana.

Cualquiera pensaría también que en Colombia no hay problemas, porque si alguien se ocupa tanto de los asuntos del vecino es porque tiene total orden y control en casa, pero no es así, fíjense, en esa nación, en 2017, los cultivos de cocaína rompieron récord histórico, en los primeros seis meses de año en curso, se asesinaron 123 líderes sociales, no hay voluntad de paz por parte del gobierno, ni para poner en práctica lo acordado con la FARC, ni para seguir el diálogo con el ELN. Colombia es uno de los mayores emisores de desplazados de América Latina, y muchos, millones, fueron a parar a Venezuela. Se calcula que 5,6 millones ¿Qué curioso, verdad? La violencia, la pobreza, el paramilitarismo, la corrupción, el narcotráfico, son algunos de los tantos problemas para los que Bogotá debe buscar solución en sus contactos internacionales, no para Caracas.

Al principio del comentario fui irónico, claro que no es una obsesión con Venezuela, es en realidad oportunismo. Como mismo lo hicieron con Cuba hace años, estos gobiernos derechistas usan sus críticas contra el proceso bolivariano para mostrar valores y principios que no tienen, es un disfraz frente a la opinión pública internacional, previamente manipulada. Quizás también para congraciarse con un Donald Trump impredecible, capaz de abofetear al más fiel aliado. Se trata de apuntar hacia afuera y evitar así apuntar hacia dentro, es decir, hacia los problemas internos. Pero esta apuesta es inefectiva, a la larga los problemas en casa pesan más, si no miren a Macri en Argentina.

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