La paz como derecho humano inviolable

A la paz, Naciones Unidas, le dedica un día para concientizar sobre una cuestión que va más allá de voluntades diplomáticas. Y aunque no sea la norma imperante convocar a los pueblos a la mesa de la alta política, el tema involucra a todos, porque lo que está en juego es, justamente, la conservación de la vida y el planeta.

Pero, ¿qué tipo de mundo, para qué tipo de hombre?.  Los medios que producen y reproducen la ideología capitalista, interpretan la violación de la paz como un caos constructivo, pero los ataques contra grupos humanos y la ecología es (en realidad) auto – sabotaje: el hombre atenta contra sí mismo.
No es de extrañar, la pre – disposición a la violencia engrasa al capitalismo. El bombardeo de imágenes y percepciones (éxito, belleza) llevan implícitos códigos que generan insatisfacción: del ser humano consigo mismo, y con el medio que lo rodea. Es la misma violencia que el capitalismo incentiva (a todos los niveles y categorías sociales) a través de sistemas para entretener, convencer y ridiculizar pensamientos distintos. Y hay violencia también (y a gran escala) contra el planeta que sufre el cáncer de una economía antiecológica, que no satisface las necesidades de la especie humana, sinó del sistema consumista.
Aunque sobra información en Internet, se echan de menos, las verdades. A Washington, como a otros imperios pasados, se le acaba lentamente la gloria, y la desesperación lo lleva a disparar carreras armamentísticas y guerras comerciales. De ahí, se deriva que no es, ni será tranquila la convivencia entre las dos principales potencias.
Entonces, hablar de paz mundial no es retórica, si partimos del hecho de que, todo lo que vaya en la dirección contraria, atenta contra nosotros mismos. Agudizando la crisis que ha generado el capitalismo en la depredación del entorno, y sus maniobras para imponer intereses por encima de los estados. Lo mismo promoviendo guerras en el formato tradicional, que recetando tóxicos de “cuarta generación”.
Por eso, la importancia de experiencias políticas como las de Venezuela y Bolivia. De decisiones de lucha como la del pueblo sirio. De unidad regional para construir voces comunes.  Se necesita un mundo multipolar, donde el respeto a la paz, sea el primer derecho humano in – violable. El capitalismo no ha engendrado alas blancas, ni lo hará ningún sistema cuyo eje de valor sea el egoísmo. Hay que trascender.  No hay otra alternativa que soñar. Lo dijo Fidel: Luchar por la utopía es (en parte) construirla.

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