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La migración venezolana en el centro de la manipulación

La migración venezolana en el centro de la manipulación

Hasta como quien dice ayer una de las imágenes más difundidas globalmente era la de grupos numerosos de venezolanos cargados con sus pertenencias básicas caminando kilómetros y kilómetros para cruzar fronteras y abandonar la crisis económica. Ahora el panorama cambia ligeramente a la inversa.

Largas colas de esas mismas personas se apostan en los exteriores de las embajadas de Venezuela ubicadas en los países que los recibieron para retornar. ¿Qué ha pasado? Ida y vuelta prácticamente para muchos. Se trata de otro capítulo de la politización de la migración.

Me explico. Ni son los venezolanos los únicos que dejan atrás la tierra que los vio nacer, ni es Venezuela el único país con una coyuntura económica difícil que vuelve espinoso el día día de la mayoría.

Es cierto que la hiperinflación, de la que les contaba la semana pasada, puso el país al borde de la paralización y hubo escaseces y penurias, más visibles precisamente porque años antes había esplendor, y de ese sí no se hablaba.

Pero con tal de caotizar la gestión chavista, se aprovechó el panorama para sacar dividendos políticos. Es entonces que, en lugar de hablar de un éxodo por razones económicas, que ha sido real, se habla de «una huida masiva de un régimen dictatorial» y de paso se pone la cuña sensiblera de «violación a los derechos humanos».

Para coreografiar mejor la situación, se obliga a los migrantes, a los que se le bautiza más convenientemente como refugiados, a cruzar las fronteras a pie, en masa, para la buena foto. Se les incita con facilidades: muchos países no exigían ni pasaporte, y mucho menos visado.

La pregunta es por qué. Si bien sabemos que la cruz mayor para un ser humano es emigrar; todas las puertas se cierran, la burocracia los oprime, se vuelven ciudadanos de segunda y hasta de cuarta. La respuesta es fácil. El signo político. Un Nicolás Maduro presidente al que los países de derecha del área pretenden sacar a toda costa del poder.

Ecuador, Perú, Brasil y Colombia se pusieron a la cabeza de la cruzada antimadurista. Verdaderamente han sido los mayores receptores de los emigrados pero son las mismas naciones donde se ha inoculado un odio al venezolano, sean chavista o no.

Sobre todo Colombia, de donde millones de colombianos sí han salido huyendo de la guerra y encontrado refugio en suelo venezolano, pero de eso ahora nadie se acuerda. Esos estados les han permitido el paso libremente a los venezolanos pero luego les han reservado una permanencia miserable, donde la xenofobia es el pan diario.

Porque en la práctica, ya cumplieron el propósito de posar para la foto o el video, ya engordaron los números para poner en todo titular que 2,3 millones de venezolanos han salido forzosamente del país, en lo que ya se vende como «crisis humanitaria».

Y se hacen reuniones urgentes para analizar el tema y magnificarlo. Y los europeos, con la mayor crisis de refugiados en sus narices y a la que hacen caso omiso, les da por hacer donativos a los países latinoamericanos que acojan a venezolanos. Demasiada falta de vergüenza ser candil de la calle y oscuridad de la casa.

Al final son las personas las que sufren la manipulación de esta índole. Esas que solo quieren una mejor vida para su familia y terminan formando parte de los vaivenes ideológicos.

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