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La metedura de pata de Luis Almagro

La metedura de pata de Luis Almagro

Luis Almagro, Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), ha tenido un fin de semana muy movido. Visitó Lima, Perú, donde se celebrará la octava Cumbre de las Américas el próximo abril. La OEA tiene a su cargo organizar buena parte de ese encuentro.

Almagro, el descarriado discípulo de Pepe Mujica, que traicionó todo lo que el veterano político defendió y defiende, fue a Lima a conversar y prestarle un favor a Pedro Pablo Kuchinsky. El uruguayo defendió la acción más deplorable que ha hecho el actual mandatario de Perú: Indultar a Alberto Fujimori, corrupto, prófugo, que esterilizó forzadamente a miles de mujeres, y cuyas víctimas esperan justicia.

Fujimori, envejecido pero empoderado ahora, está libre gracias al perdón que Kuchinsky le otorgó. Cuando lo hizo estaba a punto de ser destituido por acusaciones de corrupción, el Congreso estaba de acuerdo en hacerlo, pero lo salvó Kenji Fujimori, hijo del ex presidente, y automáticamente después, como una coincidencia, indultan a su padre.

Entonces dijo Kuchinsky: es por razones humanitarias, está muy enfermo… Y ahora Almagro en un intento de congraciarse, de salvar a Kuchinsky del rumor de que el indulto fue un favor político para evitar ser destituido, dice que Kuchinsky le habló de indultar a Fujimori desde principios de noviembre, y que haberlo hecho demostró firmeza y liderazgo.

Claro, Almagro sin darse cuenta delató al presidente, porque si desde noviembre piensa en indultarlo, no tiene nada que ver con la situación de salud, y no es un indulto por razones humanitarias sino políticas.

Luego de semejante metedura de pata continuó Almagro con otros propósitos: defendiendo la agenda de la Cumbre, que se centrará en la lucha contra la corrupción, buena capital esa, coherente con la necesidad de combatir la corrupción, allí donde el actual presidente está acusado de corrupción, como el ex presidente que indultó, y como los mandatarios anteriores, que o están presos o los están buscando por corrupción.

Allí repitió su retórica más agresiva contra Venezuela. En la narrativa que anda diciendo por el mundo en ese país no hay democracia, es una dictadura, y más. Él manipula la realidad, porque le guste o no Nicolás Maduro es presidente por elecciones, los votantes así lo decidieron, en el mismo sistema electoral que después dio como ganadora a la oposición en las elecciones para la Asamblea… Una dictadura que llamó a elecciones el 22 de abril.

Pero quizás el episodio más lamentable que protagonizó Almagro este fin de semana fue en Miami, donde estuvo en un evento sobre Cuba, y se reunió para recibir honores con Rosa María Payá, activista contrarrevolucionaria, cuyo padre murió en un accidente de tránsito, y ella ha usado este trágico hecho como plataforma política para victimizarse, y llamar a la ruptura del orden interno en Cuba, y a la intervención de Estados Unidos.

Usted la recordará también cerca de Donald Trump en el discurso que dio en Miami el 16 de junio pasado, fue de las que más aplaudió cuando Trump llamó a fortalecer el bloqueo, y advirtió a los estadounidenses de no venir

Almagro complació a los presentes con el repertorio habitual: “No se puede aceptar una sucesión no democrática en Cuba”, afirma cuando interviene en algo que no le importa, omitiendo como en el caso de Venezuela, que aquí hay un sistema electoral, una democracia propia de las condiciones histórico-políticas de Cuba.

No lo vi criticar el sistema político estadounidense cuando en las últimas elecciones la mayoría de los estadounidenses votaron por Hillary Clinton y resultó ser el presidente Donald Trump. Él es muy selectivo con sus críticas, y prefiere dirigirlas siempre al sur del Río Bravo.

Almagro le hace honores a aquello de que la OEA es un Ministerio de Colonias, cuya sede está en Washington, a escasos metros de la Casa Blanca. Tanto es así, que la Organización ha puesto su nombre a una fecha específica, declaró este 10 de febrero Luis Almagro Day, así en inglés, el idioma que mejor entiende, y que prefiere escuchar.

América Latina tiene muchos problemas, pero de los más acuciantes no habla Almagro. Ni del drama de la frontera, ni del muro de Trump, ni de que en México murió una persona cada 18 minutos en 2017, ni del acceso al mar de Bolivia, ni de que en Puerto Rico siguen sin luz.

Quisiera verlo alguna vez hablando de algo que preocupe a los que vivimos de este lado del mundo. Muros y fronteras ideológicas, eso propone Almagro. Injerencia en su máxima expresión, no conoce de límites, de soberanía, decisiones que se toman dentro de las fronteras de cada país. Aliado con los de historial más oscuro. Solamente por esas razones hemos de sospechar del cuento de Almagro.

América Latina cambia, y también lo hace Cuba, pero escuchar a voceros como él, me confirma que ahora más que nunca, habrá que defender que lo que pase en Cuba sea decisión exclusivamente de los cubanos.

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