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La humilde e inquieta vida de un travieso intelectual de la pedagogía cubana

La humilde e inquieta vida de un travieso intelectual de la pedagogía cubana

Por Manuel Alejandro Hernández Barrios (manu.hdez32@gmail.com)

El 22 de diciembre se celebra en Cuba el Día del Educador porque en fecha similar, pero de 1961, la nación se declaró libre de analfabetismo. Este sería el primer trascendente logro cultural llevado adelante por la Revolución.

Es sabido que enseñar puede cualquiera, pero educar solo quien sea un evangelio vivo. La sentenciosa frase de Martí enaltece a aquellos hombres y mujeres admirables que predican con el ejemplo, agricultores de la inteligencia y escultores de la razón de los demás.

Antonio de las Traviesas, un travieso intelectual de la pedagogía cubana, ha decidido, después de retirarse, regresar al aula para cumplir con sus honorables convicciones, porque como dice “la educación no es exigir al prójimo abultadas notas o genialidades por respuesta, ni tener una visión de las cosas con palabras mecánicamente repetidas. Educar, debe ser enseñar a utilizar el conocimiento con agudeza y precisión, hacer valer el contenido de los libros y es, sobre todo, predicar con el ejemplo en función de la virtud de los demás”.

“Para seguir educando retorné al claustro de profesores de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Artemisa, donde intento cada día ser mejor”, declaró en exclusiva para CubaTV.

¿Cuándo y cómo surgieron sus inquietudes por el magisterio?

“Mi vocación de maestro proviene de la familia. De niño uno inventa escuelitas y todos quieren ser maestro, pero lo mío es un problema hereditario por parte de mis abuelos paternos y tías. Adolescente, me integro a la campaña de alfabetización, un paso que me hizo sentir importante y orgulloso de ver a aquellos analfabetos aprender. Un honor que me propició la Revolución.

“Mis abuelos, mis padres, esposa e hijos ven a la profesión como formadora de conocimientos y cualidades para encaminar y formar el futuro y ser personas de bien. Dos de mis hijos se graduaron de profesores. Siempre he recibo por parte de mi familia todo el apoyo tanto en los momentos que me encuentro preparándome, estudiando o realizando consultas para poder impartir mejores clases”.

¿Es el profesor una persona que toma riesgos?

“Como todo profesional. El profesor tiene la necesidad del estudio, la preparación, la investigación y la actualización constante del desarrollo de su especialidad”.

¿Cómo es un profesor?

“Me gusta la disciplina tanto dentro como fuera del aula y con el aumento de la edad aumenta también ese nivel de exigencia. En casa a veces me excedo con los nietos por eso, pero hay poco que exigirles, ellos se dedican y preocupan bastante”.

¿En qué centros ha desarrollado su trabajo profesional?

“Una vez graduado en 1971, me ubicaron en la Secundaria Básica Eduardo García Lavandero, mi estreno como profesional. De allí me designan Asesor en la entonces Educación Regional de Artemisa que abarcaba el territorio de Artemisa, Guanajay, Mariel y Cabañas. En aquel atendía alrededor de siete escuelas en el campo con una matrícula de más de 500 alumnos.

“Concluida esa labor me reincorporo a la docencia directa en el Instituto Politécnico (IPOL) Israel Marquetti en Alquízar, centro que por restructuración se convirtiera en el IPOL Felipe Herrera Acea. Paralelamente trabajé en el Centro Universitario Municipal. En ambas instituciones ocupé el cargo de Subdirector Docente. Luego de jubilado me incorporo en el claustro de profesores de la Universidad de Artemisa”.

¿Cuál fue el momento más relevante de su carrera profesional?

“Irrepetibles son las graduaciones de los alumnos con los que comparto durante años. Desde ese momento culminante en que adquieren el título están prestos a desarrollarse y a depender de lo que ellos mismos sean capaces de hacer”.

De su vida profesional, ¿positivo y negativo?

“Positivo, compartir con el Comandante en Jefe Fidel Castro en varias ocasiones. Negativo, no haber sido mejor”.

De su vida social…

“Como la de cualquier cubano, me gusta compartir, escuchar a los demás, debatir sobre problemas actuales de la sociedad, lo mismo en la bodega, tienda, mercado en cualquier lugar. Siempre converso y trato de explicar con argumentos mis puntos de vista. Tengo muy buenas relaciones. En la calle me saludan muchas personas con solo dos palabras, lo que me llena de alegría y me enorgullece, Adiós Profe”.

¿Quién lo motivaba más, un personaje literario, un héroe del pasado, un mártir, una personalidad contemporánea…?

“En la actualidad imparto las asignaturas de Historia del Estado y el Derecho en Cuba y Derecho Constitucional Cubano, en ambas se analiza el desarrollo de la historia y de personalidades con las que me identifico: Félix Varela, Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramonte, José Martí como independentistas. Con José de la Luz y Caballero y Enrique José Varona como Pedagogos. Con Ernesto Che Guevara, como estructurador del Estado, el Derecho y las Relaciones Internacionales. Con Fidel, por ser único en la contemporaneidad”.

¿Por qué siendo jubilado permanece en las aulas? ¿Se siente endeudado con los alumnos? ¿Cree que puede darles más?

“Como jubilado, no me gusta el calificativo de retirado pues es sinónimo de apartado y distante, siempre quiero estar activo, aportando. Trabajo denodadamente para brindar a diario las enseñanzas aprendidas con la calidad de la experiencia y sin pedir nada a cambio. El maestro nunca abandona la profesión, a ella le dedica todo el amor, el esfuerzo y energía de su única vida. Para su formación, los alumnos necesitan del conocimiento de la experiencia”.

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