La fiesta de los libros y la feria de la recreación

Hace apenas 24 horas culminó la Feria Internacional del Libro de La Habana. Durante diez días, miles de cubanos y extranjeros, asistieron a este suceso cultural. Un evento que en ediciones anteriores generó muchas críticas, ya sea por el precio de los libros o por la venta de alimentos en los mismos lugares donde se ofrecía la literatura.

No pocos decían que si se iba a un encuentro con los libros o a comprar comida. Lo cierto es, que las personas van a lo uno y a lo otro. Este año en la feria se concibió un lugar para cada oferta. Dentro de los muros de la Cabaña estaban los libros y las presentaciones y una que otra ligera opción gastronómica y fuera, en decenas de kioscos, vendían almuerzos, refrescos y otros alimentos, a la vez que también se instalaron parques de diversiones. Una decisión muy acertada, porque no se puede desaparecer la gastronomía de estos espacios culturales, pero sí hay que ubicarla donde va.

Positiva fue la trasportación, pues no faltaron los ómnibus que llevaron y regresaron a La Cabaña, por la vía del Túnel de La Bahía a los miles de personas que fueron, sobre todo los fines de semana.

También funcionó estable la recogida de los desechos sólidos, la organización y belleza de los stands, editoriales como Verde Olivo presentaron proyectos históricos – culturales y librerías, pero no todo fue positivo.

Una colega, la pasada semana comentaba en televisión sobre la presencia de adolescentes y jóvenes con bocinas y música alta en la feria. Todos entraban con esos equipos por las puertas, nadie de los que controlaba el acceso se las prohibía. Entonces dentro eran verdaderas discotecas ambulantes.

No me opongo a que se escuche música, ni que lleven sus bocinas, pero los altos decibeles en espacios públicos no pueden ser permitidos, y ahí, contra ellos tenían que haber actuado las autoridades.

En sentido general, a mi juicio, la Feria Internacional del Libro, fue mejor, pero tiene que llegar a ser un espacio no solo para la venta y presentación de obras, sino un lugar de intercambios directos entre los autores y los lectores.

La Feria del Libro, se reafirma como el espacio cultural de mayor participación popular en Cuba. Un evento que les demuestra a los intelectuales del mundo el apego de los cubanos a la cultura y a las ideas.

Una feria que nos señala a todos, fundamentalmente a las imprentas que el libro tradicional se sigue demandando cuando muchos pensaban que desaparecería en estos tiempos digitales… Aprovechemos entonces más las oportunidades de nuestra Feria del Libro.

En marzo, inicia su viaje por toda Cuba, ojalá sus organizadores en las provincias aprendan las lecciones positivas y las negativas de lo sucedido en La Habana, para que la Feria siga siendo un espacio literario y de esparcimiento, pero con cultura y decencia.

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