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La cuerda, cuando se tensa, se rompe…

La  cuerda,   cuando   se   tensa,  se   rompe…

Si se aplicara la culinaria a la política, se podría decir que el incidente del pasado domingo en el mar de Azov entre Rusia y Ucrania, agrega más picante a la sopa. Pero el componente esencial, no está sólo en el nuevo nivel de tensiones alcanzado entre una y otra parte en apenas días, o la contraposición de versiones de lo sucedido.

Lo verdaderamente llamativo son los intereses particulares y geoestratégicos en pugna. Ellos (por sí solos) añaden volumen a un asunto que (si hubiese ocurrido en otro lugar y entre otros actores) tal vez hoy, sólo quedaran referencias en los diarios locales. Pero hablamos de Rusia (bajo sanciones de potencias occidentales, que además están ansiosas de nuevas excusas para incrementarlas). Y hablámos, en particular, de un paso marítimo que comunica (en tránsito directo) al territorio continental ruso con el Mar de Azov, el estrecho de Kerch y el Mar Negro. Y a eso, se suma que (desde mayo y por iniciativa rusa) ya existe un puente que enlaza a la península de Crimea con el país euroasiático.
Por definición de política de estado, Moscú no acepta provocaciones.  Cualquier elemento o comportamiento extraño allí, no es un tema menor, es seguridad nacional, y Rusia (por su historia y por las continuas provocaciones militares de la OTAN en territorios fronterizos) se toma muy en serio este tipo de actitudes por parte de Kiev, teniendo en cuenta los movimientos de Ucrania para intentar acercar a la Organización trasatlántica a la zona, además de la aspiración de Kiev de ingresar a la OTAN.
Y justamente ahí pudiera estar la otra palanca que mueve la rueda.  A lo externo, el presidente ucraniano regala una excusa a la Administración Trump para eliminar la posibilidad de un diálogo formal y extendido con Putin en Buenos Aires, Argentina. Una reunión inconveniente ahora mismo para el magnate, bajo una creciente presión política y mediática, tras conocerse que su ex – abogado Michel Cohen se declaró culpable de mentir al Congreso estadounidense. En concreto, Cohen admitió que no dijo la verdad sobre el desarrollo de las negociaciones en 2016 (año de las presidenciales en ese país norteño) para una inversión de bienes raíces de la Organización Trump en Moscú. En tanto, y regresando al tema central, Kiev actúa de forma ofensiva, consciente que ha quedado en el medio de intereses mayores.
Si le preguntan a Moscú, anuncios como la ley marcial durante 30 días en 10 provincias de Ucrania, y los llamados a la Unión Europea para que haga suyo ese espíritu beligerante, no son más que un reflejo de la necesidad de Poroshenko de mejorar su posición en las encuestas de cara a las presidenciales de marzo de 2019, a través de la fórmula peligrosa del nacionalismo exacerbado.
Arma de doble filo, si es el caso. La cuerda, cuando se tensa, se rompe… Y ya se sabe por dónde.

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