Menú

El déjà vu de Jacob Zuma

El déjà vu de Jacob Zuma

No siempre es bueno hacer comparaciones en materia política porque cada país es un mundo singular dentro del globo terráqueo. Pero sucede que las historias se repiten cual recetas de cocina sobre todo a la hora de sacar a alguien de en medio.

Por ponerles el ejemplo en cuestión que me ocupa hoy: Jacob Zuma, presidente de Sudáfrica está atravesando una situación cuasi idéntica a lo que vivió Robert Mugabe hace unos meses, salvando las distancias. Lo que para los franceses sería un «déjà vu», algo ya visto antes.

La noticia más reciente es el ultimátum que su propio partido, el partido de Nelson Mandela y el que ha gobernado ese Estado desde el derrocamiento del Aparheid, le dio a Zuma para que dimita en menos de 48 horas.

Y ese es el primer punto en común con lo sucedido en Zimbawe a fines del año pasado, que la fuerza oficialista arremete contra el presidente por diferencias políticas y críticas a la gestión, y claro está dos ingredientes más: corrupción, solo en este tema Zuma tiene sobre sí 800 casos, y además, nepotismo.

Como también le pasó a Mugabe, a Zuma le cuestionan las intenciones de posicionar a su esposa en puestos decisivos y en ambos casos los vicepresidentes han decidido enfrentarse al jefe de gobierno.

Una oposición dentro de una misma fuerza política para distanciarse del legado histórico y no perder el protagonismo frente a la oposición real partidista.

En la práctica, la petición de renuncia del movimiento gobernante no es vinculante, Zuma no está obligado a acatarla, pero sería alargar el plazo en su puesto presidencial, porque se avecinan nuevas mociones de censuras al interior del parlamento que por la correlación de fuerzas y el conteo de votos, el todavía jefe de gobierno podría perder y pasar de la agonía a su fin.

El líder sudafricano conoce bien este mecanismo porque llegó a la primera magistratura del país precisamente haciendo lo mismo que ahora le hacen: pidiendo la abdicación de su antecesor, Thabo Mbeki, en 2008.

Jacob Zuma debería abandonar el poder legalmente en 2019, cuando se realizarán las presidenciales, pero desde hace meses los suyos ya le auguran una salida anticipada, como les decía, por lo que ellos consideran «refrescar o renovar».

Pero lo cierto es que el político que emerge y se beneficia de la salida de Zuma, Cyril Ramaphosa, a pesar de que tiene un origen sindical y obrero, se ha convertido en un promotor del neoliberalismo y pesan sobre él escándalos asociados a delitos también de corrupción, e incluso, se le relaciona con crímenes más oscuros.

Más allá de los declives socioeconómicos de países como Sudáfrica y Zimbawe que han llevado al descrédito de sus dirigentes, hay manos superiores que mueven hilos para descabezar a aquellos países africanos que en el pasado libraron contiendas justas para las mayorías discriminadas, pero contrarias a los intereses expoliadores de las metrópolis.

Triste realidad para un continente con el que se tienen demasiadas deudas históricas y particularmente en un país que le dio al mundo un hombre de resistencia y convicción, a la par que luchador y pacifista, como Madela.

Comentar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *