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Apareció Iván Márquez junto a otro desaparecido, Oscar Montero

Apareció Iván Márquez junto a otro desaparecido, Oscar Montero

Apareció Iván Márquez. Quien fuera uno de los dos rostros más conocidos de la paz colombiana, el jefe negociador de las FARC con el gobierno de Juan Manuel Santos, y cuyo paradero era desconocido desde hace al menos 2 meses, dio noticias sobre su persona, junto a otro desaparecido, el ex insurgente Oscar Montero, más conocido por su nombre de guerra, El Paisa.

Aunque sigue sin saberse con exactitud su localización, sobre la que mucho se ha especulado, incluyendo voces que lo ubican en Venezuela, otras en la espesa selva colombiana donde combatieron por más de medio siglo y que conocen al dedillo, lo cierto es que haber dado señales echa por tierra todas las teorías de que habían traicionado su compromiso con la paz, de que se habían pasado a las filas de la disidencia o que simplemente huían de sus deudas con la justicia.

Se supo de ellos por una carta firmada de su puño y letra que enviaron a la Comisión de Paz del Senado y en la cual afirman que el Acuerdo de La Habana fue traicionado. Explican uno por uno los aspectos que consideran fallidos, deformados al punto de calificar el resultado de «horroroso Frankenstein».

Entonces sí puede decirse, que Márquez y el Paisa son ahora la clara disidencia del partido político que surgió de la guerrilla. No aquella que jamás decidió sumarse a la desmovilización y tránsito a la vida civil para seguir haciendo de la guerra y sus conexo más cercano: el narcotráfico, un modo de vida; sino a ese grupo de decepcionados con la Paz, que ha sufrido una metamorfosis más que kafkiana del papel a la implementación práctica.

¿Qué señalan como «fallas estructurales» los escindidos en medio de su indignación? Lo primero es que denuncian que, tras la entrega de las armas, hubo «conejo», en la jerga colombiana, eso es hacer trampa, cometer perfidia.

Acusan al Congreso de la República y a la Fiscalía de fabricar mentiras para encarcelar a los guerrilleros desarmados y describen lo que llaman «tres actos de insensatez» que destrozaron lo negociado por 4 años aquí en la capital cubana. Esos tres actos son: la inseguridad jurídica, las modificaciones al texto original de lo convenido y el incumplimiento a los aspectos esenciales del Acuerdo.

Como ejemplo del primero de estos elementos ponen la detención de un compañero de causa, plenipotenciario en La Habana por demás, Jesús Santrich, elegido como senador para la presente legislatura al igual que el mismísimo Márquez, pero ahora tras las rejas y a punto de ser extraditado a Estados Unidos.

De las modificaciones a las más de 300 páginas suscritas por él y Humberto de la Calle, en primera instancia, antes que por Santos y Timochenko, el número dos de las FARC dijo que «personajes  que  nunca  fueron  ungidos  con  el  honor  de ser  negociadores  de las  partes,  se  dieron a   la tarea de meterle mano  para dañar  lo  construido  con tanto  esfuerzo  y  amor».

Es la Jurisdicción Especial de Paz, a juicio de Iván Márquez, el punto más desfigurado. Y hay que recordar que fue el que más tiempo de discusión llevó a las partes en La Habana, donde más encontronazos hubo, el que costó más desvelo desasosiego, aun con la ayuda de expertos en la materia de Europa.

Ciertamente se pasó por alto que ese acuerdo de paz, vendido al mundo como histórico y merecible de un Nobel, está radicado en Naciones Unidas con rango de Documento Oficial, por lo cual no podía ser alterado en su contenido y forma por los sucesivos gobiernos. Pero eso a esta altura es cosa del pasado y el futuro depara más frustraciones.

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