Iván Duque: “La culpa de que la mesa no prosiga es de los elenos”

Iván Duque lleva 1 mes y 13 días al frente de los destinos de Colombia.

Está en pleno acomodo dentro de Nariño, pero ha dejado correr demasiado el tiempo en cuanto a un pilar esencial de su campaña y de la vida política del país: el inconcluso proceso de paz. Inconcluso porque no ha movido ficha en cuanto a lo escrito en las 300 páginas de La Habana como resultado de un pacto de Estado, que no de gobierno, con las FARC, y más paralizado aun si tenemos en cuenta que la negociación con el ELN sigue en suspenso.

Ayer tarde se conoció de un nuevo movimiento que suscita más interrogantes que respuestas. Duque ha dictaminado por decreto que el equipo negociador gubernamental al frente del diálogo con la guerrilla chica ha quedado sin efecto.

Le retiró sus facultades a todos los miembros y en la práctica dejó la mesa de conversaciones huérfana de su mitad, absolutamente coja.

Es cierto que los mencionados plenipotenciarios, ahora desprovistos de tales investiduras, eran los nombrados por Santos, su antecesor, y que tenían un contrato finito en el tiempo para estos asuntos, vencido a inicios de agosto.
Por lo que el presidente colombiano ha hecho efectivo un trámite burocrático, que se volvía obvio si se tiene en cuenta que cada cual remodela su casa a su gusto cuando se muda.

Y Duque no iba a ser la excepción de dejar a sujetos con otros mandatos, que no los suyos, en cuanto a la búsqueda de la paz.  Lo que pasa es que se imponía designar de inmediato a un nuevo team.

Hubiese sido consecuente con su expresa voluntad de impulsar la solución diplomática, más cuando había dicho que en el plazo de un mes posterior a recibir la banda presidencial, iba a evaluar el futuro del diálogo. Nada más lejano, ya el plazo expiró.

Y no asomó nombres nuevos, aunque tampoco dijo que se acaba definitivamente el proceso. Optó por la solución más cómoda para él: dejar la pelota en la cancha contraria, y envenenar a la opinión pública.

La culpa de que la mesa no prosiga es de los elenos, así lo vende Duque, porque condicionó las pláticas a la liberación de todos los secuestrados en poder de la guerrilla.

No es nuevo, también Santos usó esa triquiñuela en el pasado. Y claro que los colombianos todos quieren que se pare definitivamente la práctica del secuestro, que los grupos insurgentes usaron en su momento y reconocieron fallida.

Solo que hay secuestrados, retenidos, y capturados en combate, conceptos que los políticos y los medios tergiversan a su antojo y conveniencia.

El ELN mantiene personas cautivas. Hay civiles pero buena parte son militares. Sabiendo de lo delicado del tema, han manifestado su voluntad de liberar a cuanta persona tienen en su poder pero exigen garantías mínimas que el Estado les niega.

Aún así, en el último mes ya han soltado al menos a 7 personas. La más reciente, una adolescente de 16 años que ha sido el pan caliente de la manipulación. Cierto que es menor de edad, pero estuvo cautiva menos de una semana y los insurgentes afirman que era usada como informante por las Fuerzas Militares pues se comprobó que mantiene relaciones sentimentales con un soldado. Hay que contar la historia completa.

En fin, que el ciclo, y no precisamente de conversaciones, se vuelve vicioso. Si la ciudadanía no exige acción, el esfuerzo reconciliatorio quedará en saco vacío.

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