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Hershey: una postal rasgada

Hershey: una postal rasgada

A unos 45 kilómetros de La Habana, un pedazo de Cuba lleva hasta hoy extraoficialmente el nombre de su fundador. Hershey, a modo de postal rasgada, ilustra un imaginario popular engendrado por su mismo creador. El pasado y presente de este pueblo reúnen elementos que marcaron la historia de la nación caribeña en el siglo XX: los grandes latifundios del capitalismo, la llegada de los colectivos laborales socialistas y el cultivo de la caña de azúcar.

Vista del poblado a través de Google Maps

 

(Milton Hershey (centro) en la estación central de tren de Hershey. P.A. Staples, jefe de operaciones en Cuba. Archivo: Milton Hershey School

La historia de este lugar, ubicado en Santa Cruz del Norte, entre la capital y   Matanzas, comenzó en 1916 con la primera visita a Cuba del empresario   norteamericano Milton S. Hershey, hace 113 años.

En un sondeo divagante del magnate por el país sucumbió ante el guiño lascivo de los campos de caña. Su vista no alcanzaba a  verlos  terminar.

Los hilos verdes se perdían del otro lado del horizonte, y esta  experiencia no solo fue reconfortante por la pérdida de su esposa Catherine, sino también  decisiva en el futuro inmediato de su carrera empresarial.

 

 

Vista de los terrenos del empresario estadounidense en América y el Caribe. Archivo: Milton Hershey School

Debido a las consecuencias de la Primera Guerra Mundial, a Hershey le apretaba el cuello algo más que sus camisas:  el suministro de azúcar para las grandes producciones de chocolate. Su madre le sugirió que comprara un ingenio en Cuba para saldar los vacíos y echar a andar aquella industria.

Durante la estancia inicial, Hershey vivió en el Hotel Plaza. Allí, mientras cenaba con un amigo, le contó sus proyectos y a la mañana siguiente ambos fueron a buscar el central que el norteamericano necesitaba. Recorrieron gran parte de la zona costera de Matanzas, pero se interesó especialmente por el pequeño puerto de Santa Cruz del Norte.

Al empresario le pareció ideal comprar campos en sus inmediaciones para construir un central que tuviera garantizada la entrada y salida marítima de los productos. No lo consiguió. Nadie quiso vender sus fincas. Pero continuó explorando la zona y llegó a la colina que rodea Santa Cruz del Norte. Desde la cima observó el panorama del pequeño pueblo a orillas del Atlántico, y decidió que ese podría ser el lugar. Y lo fue.

Una de las colinas de Santa Cruz del Norte, quizás fuese este el lugar donde Hershey divisó por primera vez el futuro de su central. Foto: María Lucía Expósito/CubaTV

El Central Hershey empezó a funcionar en 1918, en los años en que la caña de azúcar regía aún los destinos económicos de Cuba. Milton Hershey, fundador de la Hershey´s Company en Estados Unidos, levantó entonces el ingenio azucarero en Cuba para asegurar el abastecimiento de sus fábricas de chocolate.

Vista del Central Hershey a través de pinturas de antaño. Archivo: Milton Hershey School

Para transportar el azúcar, Hershey mandó construir también un ferrocarril que llegara hasta la bahía de La Habana, el primer y el único tren eléctrico que ha tenido Cuba. Sigue operando, viejo y destartalado, aunque sus vagones ya no llevan azúcar hasta el puerto, sino que prestan un servicio de transporte público. Cuentan quienes peinan canas que nadie se perdía cuando se encontraban, como dos amantes, el tren de ida con el de vuelta justo en la misma coordenada temporal.

Cuando rompió con el 1959 el proceso de cambios de la Revolución Cubana se decidió cambiar el nombre al central y su batey por el de Camilo Cienfuegos.

Ruinas del central que hizo nacer un pueblo. Foto: María Lucía Expósito/CubaTV

Hoy, luego de más de 100 años, el patrimonio del poblado de Hershey no es más que una mole decapitada de hierros. La fachada de lo que fuese el antiguo campo de golf es en el presente una pared decrépita. El silencio del central parece gritar una verdad degradada.

Vista de una de las chimeneas, inactiva desde el 2003. Foto: María Lucía Expósito/CubaTV

La fuerza de la tradición popular ha hecho que todas las generaciones posteriores le sigan conociendo como el pueblo de Hershey. Aún continúa moviéndose el tren eléctrico de Casa Blanca a Matanzas y en el batey funciona todavía la estación. Sus habitantes evocan recuerdos de antaño como si, contando una y otra vez esa historia, se empeñaran en escudar el lamentable deterioro del que ha sido víctima un pueblo de leyenda.

Fachadas silentes en Hershey. Foto: María Lucía Expósito/CubaTV

 

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