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¿Habrá paz en la península coreana?

¿Habrá paz en la península coreana?

En un mundo tan turbulento, el rápido y positivo devenir del conflicto en la península coreana es una muy buena noticia. Hay imágenes que merecen ser colgadas en un museo o memorial: el líder norcoreano cruzando a pie la frontera, la animada reunión entre los dos mandatarios coreanos, o el estrechón de manos que le dio el nuevo secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, a Kim Jong-un, un halcón tendiéndole la mano y sonriéndole a uno de los más problemáticos enemigos.

A nivel de discurso, las ideas que se manejan no son menos significativas, se habla de desnuclearización, de compromisos concretos, de impulsar el proceso de reunificación, y hasta el fin de la guerra aun técnicamente vigente.
No quiero ser quien eche sal a la herida, pero ¿cuántas veces esas fotos de apretones de manos han sido rotas y esos discursos optimistas han quedado en el olvido? ¿Quién asegura que ese no puede ser el futuro a mediano plazo del conflicto coreano? La paz es buena ¿pero desde cuando se aplica esa lógica en las relaciones internacionales? ¿Desde cuándo la paz y la reconciliación son razones fuertes para sepultar un conflicto?
El punto está en que hay intereses divididos. Si hablamos de Asia Oriental, la región donde están ubicadas ambas coreas, este es el camino deseado: una relación armoniosa entre dos países que fueron uno. Corea del Norte tendría un mejor escenario para su reinserción internacional, para sus planes de desarrollo económico, quizás más fuentes de financiamiento e inversiones, es uno de sus principales objetivos. China, otro actor implicado, tendría un dolor de cabeza diplomático menos en su área de influencia como gran potencia, y Japón, el enemigo histórico de ambas coreas también podría respirar más tranquilo; pero ¿y Estados Unidos? ¿Le conviene la armonía?
Imaginemos por un momento ese escenario de total concordia. ¿Cómo justificaría entonces Washington su presencia militar allí? Hablamos de Asia Oriental, la zona más dinámica económicamente del planeta y que ya Obama, desde su presidencia, señaló como la prioridad del Pentágono. Ahí está China y buena parte de Rusia, los grandes enemigos que Estados Unidos, según su lógica, debe contener; además de todo esto, la paz significa que Corea del Sur, uno de los grandes aliados de la Casa Blanca, podría comenzar a girar en otra orbita y distanciarse de los intereses estadounidenses, de acercarse más a China, un país con el que Seúl tiene ya un intercambio comercial superior a los 200 mil millones de dólares. Las dos grandes alianzas de Washington en esa región, Corea del Sur y Japón, se han basado siempre, en parte, en la amenaza norcoreana, si esta desaparece, esas alianzas comienzan a perder algo de sustancia.
Pero además ¿Se imaginan ustedes las dos coreas unificadas? Esa fusión entre el desarrollo económico de Corea del Sur con el poderío militar de Corea del Norte? Cambiaría la correlación de fuerzas y eso sí que no le conviene, no ya solo a Estados Unidos, sino también a otros implicados. ¿Qué podemos esperar? Quizás se logren avances, pero hasta un punto, sin cambiar las bases del conflicto, que en algún momento corre el riesgo de emergen. Eso lo saben cada uno de los actores, y nadie abandonará las más importantes cartas que tienen bajo la manga para negociar o mantener a raya al contrincante. Es muy posible que el respiro sea momentáneo.

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