La Guerra en Siria seis años después

Por Anisley Torres

Han pasado más de 6 años desde que comenzara la guerra en Siria, pero solo dos de que Rusia interviniera directamente en la solución del conflicto, y cuando digo directamente, me refiero a la incursión militar en un bloque antiterrorista que demostrara a la coalición internacional liderada por Estados Unidos, que se pueden obtener resultados en relativamente poco tiempo si se juega de verdad contra los extremistas y no siendo juez y parte como Washington.

Lo impensable para el grupo de potencias occidentales sucedió: el Estado Islámico cedió, la oposición se debilitó y Bashar Al Assad sigue en el poder. El gobernante sirio ha sido uno de los líderes más satanizados, golpeados mediáticamente y criticados a todos los niveles, comenzando por Naciones Unidas, sin embargo ha demostrado tener el dominio de su territorio y que su estrategia de ser intransigente en su propósito de «una solución siria para la guerra» ha triunfado.

Los bastiones del Estado Islámico, ISIS o DAESH, sanguinarios oportunistas escudados en religiones y política al fin y al cabo, han caído uno tras otro, tanto de Siria como de Iraq y todos los países vecinos a donde esta guerra se ha exportado como mercancía.
Decisiva participación de Rusia para resolver el conflicto en Siria

En los últimos meses, los bastiones del Estado Islámico, ISIS o DAESH, sanguinarios oportunistas escudados en religiones y política al fin y al cabo, han caído uno tras otro, tanto de Siria como de Iraq y todos los países vecinos a donde esta guerra se ha exportado como mercancía. Es así que los titulares daban buenas noticias sobre los sitios liberados: Mosul, Tal Afar, Alepo, Deir Ezzor, Raqa y una larga lista que hoy se resume en lo anunciado por el presidente ruso Vladimir Putin: el 98 por ciento del territorio sirio está en manos de Damasco.

Un anuncio que ha sido el resultado de una reunión del mandatario ruso con su homólogo de Siria, y esta es posiblemente un estacazo mayor para los vecinos europeos y el de en frente, que habita en la Casa Blanca, porque se sella públicamente una vez más la alianza ruso-siria que tantos dolores de cabeza le ha proporcionado a Washington y Bruselas.

Es destacable también, el éxito del proceso cuando Al Assad, un presidente que no abandona su suelo, que no se le ve por el extranjero en primer lugar por sus urgencias domésticas y además porque su cabeza vale su peso en oro, ha viajado hasta Sochi a anunciar que el fin de la guerra está a la vuelta de la esquina y a convidar a todos sin excepción a emprender procesos políticos. Ha dicho estar abierto al diálogo para todas las partes.

Esta semana es decisiva en materia diplomática. Quedan otros encuentros de alto nivel con implicados en el conflicto como Turquía e Irán. Este último en una alocución mucho más optimista ha dado por finalizada la guerra y declarado la victoria sobre el DAESH, algo precipitado porque aun quedan focos de resistencia, y se avecina una etapa de alerta mayor que ha comenzado de a poco paralelamente a la desarticulación de las células yihadistas: hablo de los ataques terroristas aislados fuera del terreno de combate en el mismísimo centro de las grandes ciudades alejadas de la confrontación pero involucradas en ella.

Hasta aquí la parte digamos que alentadora del fenómeno. Detrás y menos comentada queda la historia de horror, muertes, mutilaciones, desplazados, destrucción, esa que costará más tiempo reconstruir y anunciar en titulares con matiz feliz.

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